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Nada de lo humano me es ajeno

Los angelitos de Bouguereau

 Publicado por Historiadora Histérica en Historia, Personal, Viajes

Mucho antes de iniciar travesía por el Tevere y correrías por el Trastevere, ya había visto la imagen de esos dos angelitos besándose tiernamente. Estaban en mi casa, en Sevilla. Dos bebés con alas entrelazados sobre nubes de algodón, que me venían recurrentemente a la cabeza -no sé el porqué- en momentos de somnolencia. Sinceramente, jamás les presté mucha atención. El academicismo pictórico nunca fue santo de mi devoción, menos aún el de pincel francés. Un conflicto estético probablemente heredado de mi abuelo Antonio, que llamaba jocosamente “su primo” al joven inglés del gran cuadro del salón de estilo neoclásico, que perdía su mirada sobre nuestras cabezas mientras nos sentábamos en el sofá. Un sofá enorme de terciopelo verde, del mismo color que sus enigmáticos ojos gatunos. Qué decepción sentí el día que supe que realmente el niño inglés no era de mi familia….

Desde que abandoné el nido materno la armonía y perfección del neoclasicismo más repipi no sólo dejó de ser un elemento cotidiano para mí, me olvidé por completo de él. Sin embargo, casi sin darme cuenta, inconscientemente, estas últimas semanas he pensado mucho en esos ángeles rubicundos de mi casa besándose delicada y castamente. Pero a santo de qué…Ni siquiera recordaba el título del cuadro, qué decir de su autor. Hace poco en la Galería Borghese, al pasar por la tienda, descubrí por qué había regresado ese pequeño y delicioso recuerdo de un pasado ya remoto. Allí estaban, en postales, en tazas y hasta en orfebrería. Un flashback me trasladó de inmediato a la Galería Uffizi en Florencia. ¡También estaban allí! Incluso habían sido serigrafiados en paraguas. ¡Lo recordaba! La misma imagen en los Museos Vaticanos, en los Museos Capitolinos… ¿Cómo era posible que no recordase haber estado delante de ellos? Sólo tenía consciencia de haber visto otros ángeles igual de célebres, eso sí, más feos pero con más sustancia, esta vez pintados por Rafael Sanzio. Giré buscando respuestas inmediatas la postal expuesta y en el reverso constaba lo siguiente: “Il Primo Bacio” (El primer beso) 1890, William Adolphe Bouguereau, colección privada. Pregunté acto seguido en la tienda sobre esa reproducción y no supieron precisarme dónde se hallaba la colección, ni siquiera que se encontrase en Italia. Tan sólo me afirmaron que no estaba abierta al público. ¿Por qué es imagen de merchandising en las tiendas de museos y galerías de Roma, si el pintor es francés y el cuadro no está en ninguna de esas colecciones? Un interrogante que formulé en voz alta ante unos conservadores de la galería. Éstos se sonrieron e hicieron mutis.

Mientras paseaba pensativa por la impresionante Villa Borghese, decidí agotar todos los cartuchos a mi disposición en ese momento. Llamé a mi madre. No podía esperar a saber. Me contó que la reproducción sita en casa, era un regalo que le hizo una amiga después de un viaje a Italia. Y que más allá de que le gustaba mucho, poco podía aclararme para resolver el misterio. En cuanto llegué a Monteverde hice una búsqueda en internet. Sólo descubrí que “El primer beso”, en realidad se llamaba “Cupido y Psique niños”, que Bouguereau, un tanto extemporáneo teniendo en cuenta que fue coetáneo de los impresionistas, ganó varios certámenes de pintura en Roma, donde residió y estudió a su ídolo, Rafael. Quizás esta sea la conexión. No lo sé. Ignoro casi todo sobre este pintor y su obra, quizás alguno pueda decirme qué se esconde detrás de esta imagen reducida al souvenir. Me pregunto si los miles, centenares de miles, incluso millones de turistas que la han comprado y la seguirán comprando lo saben. Probablemente la inmensa mayoría no.

 ”Toda pintura es un hecho: las pinturas están cargadas con su propia presencia“. Andy Warhol

23/10/2008, 17:40 | Comentarios & Trackbacks (4) | Permalink


La signora del mondo

 Publicado por Historiadora Histérica en Historia, Personal, Viajes

Generalmente mis itinerarios nocturnos de fin de semana comienzan en la plaza Trilussa, cruzamos el puente Sisto y nos dirigimos a la zona de Campo de’ Fiori para comer porchetta.

 La plaza Trilussa

Trilussa anagrama de Salustri. Llamada así en honor de Carlo Alberto Salustri (Roma 1871-1950). En sus sonetos escritos en romanesco (digamos el “idioma propio” de Roma), Trilussa, con un tono desencantado, escribe la crónica de casi cincuenta años de historia romana y, claro está, italiana. Desde la llamada “edad giolittiana“, abarcando los años del fascismo y la dramática posguerra, Trilussa nos ha dejado una visión, suis generis, crítica con los tiempos que le tocaron vivir. La sátira, política, social y costumbrista se alterna con la profunda amargura de quien ama su ciudad natal, “ormai” corrupta y decadente.

LA TERZA ROMA
La terza Roma nun s’intenne mica
Cha da Romolo in qua ce so’ tre Rome:
naturamente je se dà ‘sto nome
pe’ potella distingue da l’antica.

De Roma nostra, Dio la bendica,
nun ce n’è che una sola: ma siccoma
fu rimpastata, je succese come
succede co’ la crosta e la mollica.

Infatti, sur più bello d’un lavoro,
te ritrovi l’Impero giù in cantina
con una strada che va dritta ar Foro:

e scopri che, presempio, la finestra
indove s’affacciava Messalina
corrisponne a’ na chiavica maestra.

(“Roma vista dagli scrittori” en Roma. Per scoprire e ricordare. Touring Club Italiano)

Nada hay tan dulce como la patria y los padres propios, aunque uno tenga en tierra extraña y lejana la mansión más opulenta” Homero.

 

11/10/2008, 13:56 | Comentarios & Trackbacks (3) | Permalink


Domani puoi dimenticare, domani….ma adesso dimmi di si.

 Publicado por Historiadora Histérica en Personal, Viajes

“Mañana puedes olvidarlo, mañana…pero ahora dime que sí”. Aunque bien pudiera ser el estribillo de la canción que me canta mi nueva y agobiante compañera de piso, una chica española que ha decidido ser mi sombra en Roma, es el estribillo de una canción de Lucio Battisti: Il tempo di morire.

Oh dolce Pauline dove sei tu….

Aún tengo por delante dos meses de aventuras en Roma, de descubrimiento, pero quién sabe qué nuevas bandas sonoras me acompañarán. De momento esta página la ocupa con letras mayúsculas Lucio Battisti quien, con su canto libre de amor y esperanza, me dio la bienvenida a la ciudad eterna en mis horas más bajas. Un 9 de septiembre..Diez años después de que su voz enmudeciera.

Entre los mejores momentos que me regala su música, me quedaría con el cotidiano inicio del día. Siempre igual que el anterior pero siempre distinto. Un café delicioso, unas galletas de chocolate, un cigarro, la bandeja de hotmail abierta y la fuerza de su voz que me contagia de optimismo para vivir un nuevo sueño de realidad. ¡Gracias Lucio! ¡Gracias Mogol!

 Lucio Battisti (1943-1998) comenzó su aventura como compositor para otros artistas. Él se encargaba de los aspectos musicales mientras que su amigo Mogol era el letrista. Grabó su primer single en 1966, Per una lira. Lucio Battisti es considerado uno de los músicos y cantantes más prolíficos e influyentes de la música italiana en el siglo XX. Su producción renovó el pop italiano a partir de los años 60. Inspirado por bandas de Rhythm and Blues, Otis Redding, Ray Charles..etc, supo aunar la mejor herencia melódica italiana con R&B. Un ejemplo muy oportuno de ello lo encontráis en Il tempo di morire. A partir de 1980 decidió abrir en su carrera una nueva etapa, esta vez sin Mogol. Lamentablemente su vida y su genio se vieron truncados a la temprana edad de 55 años, incapaz de escapar a la trágica leyenda de todo aquél que es ya mito en vida.

Personalmente mi aventura coincide con Le avventure di Lucio Battisti e Mogol. Lo mejor de dos CREADORES irrepetibles.

Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música”.  Aldous Leonard Huxley

2/10/2008, 17:44 | Comentarios & Trackbacks (2) | Permalink


El éxtasis….¿de Santa Teresa?

 Publicado por Historiadora Histérica en Personal, Viajes

Esta tarde he visitado la iglesia de Santa María de la Victoria y, contra pronóstico, he tenido un mal “viaje”.

Después de tragar polvo en el archivo de la Farnesina durante toda la mañana, decidí tomarme la tarde del viernes easy para recibir el fin de semana. El caso es que me las prometía alegremente en Monteverde, comiendo una tortilla de patatas y bebiendo una Peroni. Todo ello aderezado con la impagable antología, recientemente adquirida en La Fetrinelli, de Lucio Battisti. Así me dieron las cinco de la tarde. Fue, entonces, cuando decidí aprovechar el asueto para hacer un poco de turisteo. Y como en una revelación, la ví. Allí estaba Santa Teresa en pleno éxtasis, embelesada mientras un ángel atravesaba con un haz de rayos áureos su corazón. ¿Por qué no ir a la iglesia de Santa María de la Victoria y entrar en éxtasis con la archiconocida obra de Bernini?

Según mi guía, la iglesia era visitable hasta las siete. Había tiempo…. Finalmente salí de casa a las seis. La fortuna me sonreía porque el 75 estaba en la capolinea. Incredibile! Había esperanza de llegar a Termini antes de las 7. Nada se interpondría en mi camino hacia el éxtasis. De hecho, llegué a la Avenida del XX Settembre a las 6.45. Primer mal augurio, una mendiga acostada en la puerta del templo me chillaba una y otra vez que la iglesia estaba cerrada (É CHIUSA y otras ochenta veces así). Una mala noticia que, desgraciadamente, no era el producto de la obcecación de una beoda.  Lo corroboraba la placa metálica de la pared. ¡Maldita guía! ¡Era hasta las seis! Pero al observar que la puerta interior estaba abierta, pensé ¡HABEMUS MIRACOLO! Así que pasé olímpicamente de la indigente, que hizo una especie de amago de interponerse en mi camino. Pero la disuadió una de mis miradas fulminantes. Ecco! Me lo imaginaba, se celebraba una misa “vietato visitare”. Estiré el cuello cuanto pude para, sin moverme un ápice, intentar ver la escultura en uno de los flancos del recinto. Imposible. No obstante, me dije: ¿tengo un plan mejor para esta tarde? Parece que NO. ¿Quién lo diría, invirtiendo mi ocio en una misa? Quién me ha visto y quién me ve.

Me resigné a congratularme de la salvación de la humanidad en el sacrificio del cordero de dios. Al fin y al cabo, escuchar misa podría ser un ejercicio como otro de ascoltare para mejorar mis habilidades auditivas en italiano. Pese a que estaba hiperconcentrada para capire al sacerdote, me percaté de un mirada, más que reprobatoria, inquisidora. Inquisidora en el sentido más oscuro de la palabra, vamos, una mirada asesina. Su dueña no era otra que una señora bastante emperifollada, cuyo aspecto exterior no hacía presagiar el gremlin, o el hijo del diablo, que albergaba en su interior. Como la mirada no surtió sobre mí el efecto deseado, comenzó a regalarme gestos con el fin de desalojarme del sacro lugar. No sé qué cara de circunstancias pondría. Lo suficientemente llamativa para que un bondadoso fratello (qué simpáticos que son los franciscanos), vistiendo un hábito cual salido de El Nombre de la Rosa, se me acercara y me dijera –con otras palabras- que no hiciera ni puto caso a la vieja chalada. Una beatona que, según se comportó más adelante, bien podría ir hasta las trancas de éxtasis, no precisamente del de Santa Teresa. 

El caso es que también la sufrieron cuatro o cinco turistas, lo suficientemente animosos como para no dejarse amedrentar previamente por la mendiga borracha en la entrada. Desafortunadamente, después me dejarían sola ante el peligro. Unos huyeron despavoridos por los gestos de la defensora de la integridad del sacramento de la eucaristía (acompañando su repertorio gestual con bramidos ininteligibles). Otros, si bien la ignoraron, supongo que no tendrían ni ganas ni tiempo para escuchar una misa como la historia, interminable. De hecho, mi paciencia flaqueó por momentos, entre la expresividad de la señora-censora y el oficiante, que meditaba sospechosamente en pausas de 15 minutos (cronometradas por el reloj) para orar…(No recuerdo haberme tragado una misa de esa extensión ni siquiera durante los 12 cursos que pasé en el colegio de monjas en el que estudié). No obstante, creo que esta experiencia de mi infancia y adolescencia me permitió perseverar en la prueba de esta tarde…

Y al fin, el cura nos dio la bendición para marchar en paz.

Sin embargo, la señora (por llamarle de alguna manera) decidió aguarme la fiesta cuando más feliz me las prometía. Se me aproximó al pie de Santa Teresa lanzándome improperios en italiano, como “cerda irrespetuosa”, “pecadora” (y creedme, no de la pradera), “que si no había visto los carteles que prohibían la visita” (pero ¿qué visita? si había aguantado como una campeona la misa). Al principio, me limité a contestarle que se olvidase de mí, además quién era ella para echarme de la “Casa de Señor”. Como no conseguí nada, y ella seguía a lo suyo. Decidí ganarle por sus píos argumentos, diciéndole que si era española, que era catoliquísima, que estaba allí para orar además de contemplar la maravilla de Bernini (inspirado clarísimamente por dios), que las puertas de la casa del Señor siempre están abiertas, sobre todo para los pecadores como yo, que no pasase por alto que la soberbia era un pecado capital..Bla, bla, bla, sólo logré alimentar su iracundia. Hasta tal punto que la viejuna se animó a cogerme del brazo empujándome hacia la puerta. Afortunadamente el fraile, que había estado atento a la jugada, vino al rescate para indicarle A ELLA amablemente el camino hacia la puerta. Mientras A MÍ me animaba a que disfrutara de la escultura. Como comprenderéis, tras montarse la de dios, se me había olvidado el porqué estaba allí.

Pero la historia no acaba aquí. Tercer Round. Cuál no sería mi sorpresa al ver que la beatona pasada de rosca me estaba esperando a la salida. Había decidido no aguardar a que se hiciera conmigo justicia divina, y en consonancia autoproclamarse brazo ejecutor en la tierra. Así que volvió a la carga. Esta vez al alimón con la mendiga de la puerta, que me repetía “Ti lo ho detto” “Ti lo ho detto“ ”É chiusa“. Vaya par de anormales. Me entraron unas ganas locas de sellarles la boca estampándoles sucesivamente el bolso (con el ladrillo de la guía y algún que otro libro más). Ya no cabía hablar del Concilio Vaticano II, de ser más papista que el Papa, del perdón, del hijo pródigo, ni de la madre que las parió. Los empellones que me propinaban, sólo  merecían el descalificativo de “pazze” (dementes) y la amenaza con la policía….Qué asquerosa endoculturación que te impide pegarle a las viejas que se pinchan. Impulsos reprimidos…Si Freud levantara la cabeza…. En fin, me zafé como pude de la viejuna y  su sin par SanchaPanza, largándome incrédula en dirección Plaza de la República.

Qué cosas me pasan, cualquiera diría que me las invento. No me cabe la menor duda de que iré al infierno por la gran ofensa al sacramento inflingida esta tarde. No me preocupa lo más mínimo. Ya sabéis lo que se dice… Las chicas buenas van al cielo y las malas a todos sitios. Sin embargo, lo que me atormenta es que allí me encontraré segurísimo con la beatona indeseable. Eso sí, sí que me hace abandonar toda esperenza.  Ayyyy los caminos del señor son inescrutables y yo qué pensaba escribir la entrada de hoy sobre Lucio Battisti.

Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio” Mahatma Gandhi

27/09/2008, 0:01 | Comentarios & Trackbacks (2) | Permalink


Como en casa

 Publicado por Historiadora Histérica en Diario de..., Historia, Personal, Viajes

A punto de comenzar mi tercera semana en Roma debo decir que el balance no puede ser más positivo. Y eso, a pesar de mi “pesimismo antropológico”. El caso es que el sabor un tanto agridulce de los primeros días ha desaparecido. Por fin, se acabó el viaje en la montaña rusa emocional en la que he estado subida desde que llegué. Los vaivenes, a caballo entre los poderes hipnóticos (casi narcóticos) que ejerce una ciudad como ésta, donde cada día descubres una nueva muestra de lo más excelso que posee el ser humano, su genio creador, y el síndrome de E.T. (¡¡¡¡mi casaaaaaaa!!!) que padecía nada más llegar a Monteverde, parecen haber pasado a la historia. Mi gran problema era que yo no estaba aquí para pasear. Así, no me extraña que se me hiciera tan cuesta arriba recluirme toda la semana para trabajar (o al menos, intentarlo). Pero, alle fine, lo conseguí. Y después se hizo la luz o, si se prefiere, llegó el fin de semana.

Y qué fin de semana, gracias a mi compañera de piso Pauline. Indudablemente una rara avis francesa porque es majísima. Si en los días laborables trabaja más que nadie, el fin de semana sabe divertirse como nadie. Las sensaciones del sábado pasado por la tarde, en los bares de copas del Trastevere, siempre irán ligadas a mis recuerdos de Roma. Me sentí como en casa, pero en CASA con mayúsculas. En los amigos romanos de Pauline (debo decir que sólo por residencia,  en origen mayoritariamente napolitanos) encontré esa simpatía natural y capacidad para empatizar que he echado de menos tantas veces al norte de Despeñaperros. Me sentía entre amigos y, por momentos, albergaba la sensación de estar en un bar de copas entre la Plaza Nueva y la Catedral. En un acto de justicia, debo también mencionar que tuve la oportunidad de conocer (por supuesto, NO en el sentido bíblico) otros ejemplares masculinos que dejan el pabellón nacional mucho más alto que el mamarracho de Stefano. Uno de ellos, un ingeniero de Ferrari, no parecía real, pero por razones diametralmente opuestas al ejemplo de mi carissimo vicino. De hecho, me sorprendió una caballerosidad propia de otros tiempos (digna de un museo antropológico). No me dejaron pagar nada por ser mujer. Una actitud machista sin paliativos, pero que, dada mi situación, puede hasta convertirse en una ventaja. Si la cosa sigue así, esto promete ser el paraíso de una becaria a las puertas del paro J . Bromas aparte, fueron extremadamente hospitalarios.

A esto también sumamos que mi primer contacto con un archivo italiano ha sido de lo más “amable”. Aunque la recomendación de mi director de tesis juega un papel nada despreciable, se han producido otras circunstancias que no puedo dejar de contaros. Cuando la responsable de la sala de lectura se ha puesto a dar palmas para celebrar que yo era española y que así podía practicar su español, una lengua que AMAAAAA, me ha parecido de traca. Al enterarse que voy a estar en Roma hasta diciembre, casi se le saltan las lágrimas. Sí, muy fuerte. El caso es que su madre no quería que estudiara español, sino francés. Pero, a escondidas de su progenitora, decidió asistir a clases de español, que posteriormente continuó en la Universidad. Así descubrió al escritor más grande de todos los tiempos. Me ha preguntado: “¿Sabéis quién es Pío Baroja?” (sí, se refería a mí, pero es que la chica tiene un problema con el número gramatical). En definidas cuentas, que le encantaría hacer una tesis sobre El árbol de la ciencia. El escollo estriba en que su español es cosí cosí, incluso peor que mi italiano. Pero a quién le importa, después de tanta amabilidad.

 El viernes comprobaré si nos hemos entendido propriamente. Pero esa ya es otra historia….

La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes“  John Lennon

22/09/2008, 18:34 | Comentarios & Trackbacks (2) | Permalink


Benvenuti a Roma!

 Publicado por Historiadora Histérica en Personal, Viajes

Existen una serie de estereotipos sobre Italia y los italianos, podríamos decir, mundialmente famosos. Seguro que en estos instantes ya tenéis alguno en mente. Por lo general, siento una desconfianza natural hacia los estereotipos. Parto de la base de que, sin bien tras ellos se esconde algo de verdad, no son más que el producto de un reduccionismo ramplón. Como diría Isaac Newton, lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano. Hete aquí que, después de unos diez días en Roma, mi sembra (“me parece”, como dirían por estas tierras) que, en el caso de los italianos, el estereotipo no es sólo una parte de la verdad, amenaza con ser la unidad entera. Basta con encender la tele ¡Mamma mia! Telecinco (el español) parece el canal con los documentales de mejor factura de la BBC, comparado con cualquiera de los que emiten en abierto en Italia. Muchos de vosotros ya conoceréis un powerpoint sobre los italianos y su manera de conducirse por la vida. Se hizo muy popular hace unos años. Yo lo recibí en su momento y, aparte de echarme unas risas, no le di mayor crédito. Bueno, pues debo deciros que, en lo que respecta al transporte, podéis creerlo a pies juntillas (sólo tenéis que revisar alguna de mis entradas anteriores). Pero desafortunadamente el transporte no es lo único que no funciona en esta ciudad.

Si pensáis que no puede haber nada peor que un funcionario español, estáis muy equivocados. El año pasado ya tuve alguna experiencia en Francia, pero en Roma.. ¡Ay señor! No es que estén tomando café, es que sencillamente no están. Y lo mejor de todo: para qué dar explicaciones.  Non ci sono y punto. Y eso que sus horarios son maratonianamente cortos en relación a los españoles. Jornada hiperreducida que, sorprendentemente, comparte un sector como el bancario, que me da la impresión que no tiene nada que ver con sus homólogos del resto de Europa. Puedo dar fe que la mayoría de los cajeros están de adorno, muchos de los cuales no aceptan tarjetas de entidades extranjeras. También he comprobado que las sucursales bancarias abren al público menos de cuatro horas al día. Esto no sorprende tanto, teniendo en cuenta que el 80% de la economía funciona bajo tierra. Algo muy palpable -en lo que me toca- en el tema de los alquileres.

En cuanto al way of life italiano, ¿qué puedo contaros que no sepáis ya? NIENTE DI NIENTE. Los romanos de a pie hablan como en las imitaciones de tres al cuarto que podéis encontrar en cualquier teleserie española. Las mujeres en la cola del supermercado parlan por los codos, quejándose sobre la crisis económica y haciendo ese gesto tan característico, juntando los dedos de una mano. Si escuchas las conversaciones de los pasajeros en el TRAM o en el autobús, o bien hablan del CALCIO (el fútbol con mayúsculas) o con sua mamma, gesticulando, además, como si se les fuera la vida en ello.

Y, por último, qué os puedo decir del estereotipo del hombre italiano. Pues que mi vecino de abajo es uno de sus máximos exponentes. Mi carissimo vicino Stefano es tan típico que, os lo prometo, no parece real.  Es una versión de esa especie de Tony Manero que protagoniza un anuncio setentero de Movistar. Y lo peor, o mejor, es que abundan chicos por la calle y por la tele di questa maniera. En mi barrio de toda la vida, calificaríamos a estos ejemplares de horteras “a más no power” (espero que en estos meses no le dé a Stefano por aprender español ni leer blogs españoles, al menos hasta que me haya ido). Y es que, en el fondo, pese a que me despierta todas las mañanas a las 7.30 h. cantando –cual tenor- a grito pelado, Vivo per Lei de Andrea Bocelli (versión lamentable, parece un gato al que le hubieran atropellado el rabo), me cae bien. Todos los días gracias a él aprendo algo nuevo. Os pondré un ejemplo para cerrar este post. El chico se aposta detrás de la mirilla todas las mañanas esperando a que salga de casa, entonces abre casualmente la puerta y me regala un carino saludo. Bueno, pues ayer me dice: “Salve! Come stai bellissima?” y yo contesto “benissima, e tu?”, y a continuación infla los mofletes cerrando los labios y se lleva el dedo índice al carrillo derecho. La imagen era tan ridícula.. Me entraron ganas de espetarle “Hai mal di testa?” (¿tienes un problema mental?) Finalmente, me contuve y le contesté “Hai mal dei denti?” (¿tienes un problema dental?”).  El caso es que me explicó que en el lenguaje gestual italiano eso significa que todo va estupendamente. Me faltó poco para contestarle con nuevos gestos aprendidos: sacudirme con una mano la barbilla y soltarle: “non ne me frega niente” (algo así como me importa un…eso sí, con buen rollo). Sin embargo, le sonreí y seguí mi camino. Ecco! ¿Qué os parece?

Toda idea que triunfa marcha  hacia su perdición“. André Breton

Advertencia: Se recomienda coger con un grano de sal lo que escribo en estas líneas, que es exclusivamente aplicable a mi experiencia romana. No se puede perder de vista que llevo sólo diez días en este país y que Italia es un país muy diverso (bastante más que España).

18/09/2008, 19:38 | Comentarios & Trackbacks (2) | Permalink


Volver a empezar

 Publicado por Historiadora Histérica en Diario de..., Historia, Personal

Ayer fue la primera jornada de mi aventura romana en la que no me entregué a caminatas interminables para la delectación infinita. Regresé a la cotidianidad de los días “normales”. Invertí aproximadamente un 75% de las 24 horas posibles a estudiar. Quizás la tesis fuera un plato demasiado fuerte para volver a empezar. Así que opté por  refrescar mis rudimentarios conocimientos de italiano, adquiridos en un curso de iniciación hace ya más de dos años.

Ha transcurrido una semana desde que aterricé en Roma y el sentimiento de turista privilegiado se esfuma conforme pasan los días. Es muy importante que no pierda la perspectiva del porqué estoy aquí, en este preciso instante, delante de la pantalla de mi ordenador en un apartamento de Monteverde. F. D. Rooselvet solía decir que siempre que te pregunten si puedes hacer un trabajo, contestes que sí y acto seguido te pongas a aprender cómo se hace. Pese a que siempre me he aplicado esta filosofía, es inevitable que planee sobre mí una sensación de hastío que podría calificar de “Vuelta a empezar”. Un dèjà vu que, la verdad, comienza a cansarme. Un estado de ánimo que no tiene tanto que ver con la realización de un trabajo, como con la situación accidental que envuelve los esfuerzos canalizados para la consecución de un fin. Volver a empezar es volver a desenvolverme, digamos a “nivel profesional”, en un país que no es el mío y a “manejar” una lengua que no hablo. Se trata de volver a superar el sentirme extranjera, extraña. Algo que viví por primera vez el año pasado en París y que jamás percibí en Londres.

Me consuelo al pensar que caracteriológicamente parisinos y romanos son muy diferentes. Tal vez, en lugar de la displicencia impaciente de un archivero, pueda encontrar una cara amable detrás del mostrador. Pero el camino se hace andando y sólo así podré averiguarlo.
Vuelta a empezar….

La diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una ilusión persistente“. Albert Einstein

16/09/2008, 11:00 | Comentarios & Trackbacks (9) | Permalink


La Bocca della Veritá

 Publicado por Historiadora Histérica en Diario de..., Historia, Personal, Viajes

Ayer fui a parar a la plaza de la Boca de la Verdad. De nuevo, sin buscarlo. Fue todo un descubrimiento, o más bien, redescubrimiento. La escultura, probablemente del siglo I, tiene un diámetro de 1,75 metros y representa un rostro masculino con barba en el cual los ojos, la nariz y la boca están perforados y huecos. Tampoco se tiene certeza acerca de su utilidad antigua: si era una fuente o parte de un impluvium o incluso  de una cloaca (hipótesis que corroboraría su cercanía a la Cloaca Maxima). La leyenda cuenta que si se mete dentro la mano derecha mientras se dice una mentira, la boca se cerrará. Una leyenda que habrían alimentado los sacerdotes poniendo escorpiones en su interior para perpetuar el mito.

Eran aproximadamente las cuatro de la tarde cuando salí del apartamento. Y aunque el cielo presentaba un color plomizo, incauta de mí, no presentí la tormenta que se barruntaba. Hasta ayer, un sol de justicia había sido mi infatigable compañero de andanzas romanas. Imaginaos hasta que punto castigador, que pensé en comprar una sombrilla de las que siempre llevan los japoneses (cualquiera diría que soy del Sur).  Quise aprovechar la coyuntura meteorológica para recrearme en algunos rincones de la ciudad, sólo que bajo otra luz. Así podría comprobar la nueva paleta cromática que Roma abriría para mí. Mi destino era el espléndido mirador que hay justo al lado de San Pietro in Montorio. Un hallazgo del día anterior que, si cabe, me impresionó más que el templete de Bramante (las expectativas creadas suelen actuar como filtros perversos de las percepciones). Pero, ya os he contado que en Roma debe partirse de la premisa de no buscar, sino encontrar.

Cuando me aproximaba a “mi obervatorio” comenzó a diluviar. Rayos y truenos se sucedían creando una atmósfera, que si bien en otras circunstancias me habría desagradado, se me antojó mágica y me entregué a ella con fruición. El caso es que no llevaba paraguas y, aunque el sentido común me impelía a dar la vuelta, para refugiarme en casa, decidí hacerle caso omiso. Bajé por la Via Garibaldi, acorté por las escaleras del Monte Aureo y finalmente tomé el Vicolo Cedro. Seguí descendiendo en la misma dirección hasta el Río. Entonces, reconocí el Ponte Cestio y la Isla Tiberina. A pesar de que estaba hecha una sopa, y de nuevo el sentido práctico me aconsejaba buscar el TRAM 8 para volver a casa, no pude reprimir el impulso de atravesar la isla. Seguí caminando por el margen del río y, de repente, divisé el Templo de Vesta. Había olvidado la guía en casa, pero la originalidad de su planta circular y de su cubierta me permitió reconocerlo al instante. Así fue como llegué a la Plaza de la Boca de la Verdad.

La tormenta había amainado. Pero la humedad, el calor y, sobre todo, el cielo de color plata vieja conferían un ambiente muy particular a la plaza, yo diría que propio de la visión romántica del Medievo. Fue entonces cuando, entre las brumas, recalé en la iglesia de Santa María in Cosmedin. Y allí estaba, en un lateral de la pared exterior de la iglesia, en el nártex,  la máscara legendaria. La reconocí de inmediato y el recuerdo de la entrañable escena de Vacaciones en Roma, con Gregory Peck simulando ante Audrey Hepburn haber perdido la mano, me llevó inevitablemente a la nostalgia….

Ir sin amor por la vida es como ir al combate sin música, como emprender un viaje sin un libro, como ir por el mar sin estrella que nos oriente” Henri Beyle Stendhal

PS. Siempre sin envergadura

13/09/2008, 12:26 | Comentarios & Trackbacks (2) | Permalink


No busques y encontrarás

 Publicado por Historiadora Histérica en Diario de..., General, Historia, Personal, Viajes

Roma no es una ciudad para buscar, es una ciudad para encontrar. En la piazza del Campidoglio he despedido mi segundo día en la ciudad eterna. Es curioso, el especial sobre Lucio Battisti se celebró  en la  Piazza del Campidoglio. El escenario me enamoró desde el primer momento y allí estaba yo, sin planificarlo, sin buscarlo. Afamada por ser uno de los lugares públicos más elegantes del mundo, hace honor a su fama. Fue un diseño original de Miguel Ángel, aunque sufrió importantes modificaciones ulteriores. Sin embargo, mantiene un equilibrio de innegable impronta renacentista. Está flanqueada por tres palacios: el Palazzo Nuovo, el palazzo Conservatori y el Palazzio Senatorio.  Nunca olvidaré la impresión al ver la estatua ecuestre de Marco Aurelio subiendo por La Cordonata.

A pesar de que hoy me había propuesto no salir del remanso de paz Monteverdino, un breve paseo hasta San Pietro in Montorio (aproximadamente veinte minutos a pie desde el apartamento) me ha llevado hasta el Castillo de Sant’Angelo, la Piazza Navona, el Panteón y finalmente el Campidoglio. No me he podido resistir a encontrar nuevas plazas como Campo dei Fiori o Farnesio, calles como Via Giulia o Via del Corso e incluso islas como la Tiberina. Buscaba un punto de venta de Vodafone para hacerme con un número italiano. No di con ninguno pero ¿a quién le importa? Encontré otras cosas que no se pueden pagar con dinero (no me digáis que no parece un anuncio de mastercard, pero afortunadamente para mí no lo es).

Stendhal escribió que jamás conoció a nadie que hubiese permanecido impasible al ver el interior del Panteón, cuya cúpula colosal crea una sensación de sublimidad indescriptible. Qué puedo decir yo….que siempre recordaré la emoción que experimenté al contemplar, sentada en los escalones de la Piazza della Rotonda, tal prodigio del genio humano.

Bueno, parece que hay un punto Vodafone en Via del Corso 417.¿tendré mañana mi número italiano? Quién sabe…en Roma todo es posible o imposible, según se mire.

Hijo mio, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansion, una pequeña fortuna“. Groucho Marx

12/09/2008, 8:52 | Comentarios & Trackbacks (1) | Permalink


El Caos y la Fontana di Trevi

 Publicado por Historiadora Histérica en Viajes

Si uno cambia, las cosas a su alrededor también lo hacen. Una verdad, no por más veces dicha, menos cierta. Puedo dar fe de ello.

 La verdad, hoy ha sido un día duro. Todavía más duro teniendo en cuenta lo feliz que me las prometía ayer. Después de cinco horas con 40kg de equipaje a cuestas y sin dirección fija, llegué al apartamento de Monteverde. Entonces respirando hondo, pensé: “bueno, no ha sido difícil. YA LO TENGO TODO HECHO”. Sin embargo, esta mañana no podía dejar de mirar a mi alrededor y lo que ayer me parecía estupendo, hoy se me representaba un mini-piso (un poquitín mayor que los de la ministra Trujillo) lleno de mierda. Mi habitación es una especie de zulo con charm (cuando apago las luces veo las estrellas en papel fosforescente que alguien se dedicó a cortar y pegar en el mueble cama). Eso sin contar la historia rara sobre mi misteriosa compañera de piso francesa (cuyas cosas ocupan aproximadamente el 80% del piso) y aún no tengo el gusto de conocer. Además se trae un lío chungo con la dueña, por lo que esta última se dejó caer. Sólo espero que si se va del piso, no me lleve ningún plato roto y si, por el contrario se queda, que sea una persona compatible con la normalidad. Aún así, no fui asequible al desaliento. Tras desayunar, salí a la calle. Vivo en una zona residencial de clase media alta. Me gusta su aire decadente y bastante cuco (las parcelas, muy desiguales, se asemejan a mini Villas romanas). Esta visión me hizo recobrar el estado de ánimo mientras me dirigía a la parada del autobús. La idea era empezar a trazarme itinerarios para mi día a día.

Una hora y media, por fin, salió el autobús de la “capolinea” y abandoné Monteverde. ¡Me llevó otra hora  llegar a Términi! Es la estación central de trenes que, según me dijo un autobusero mientras se fumaba un piti en Piazza Venezia, se trata del único sitio donde te ofrecen información sobre mezzi di trasporti urbani. El centro de información que imaginaba, los hay en todas las ciudades….claro en las que conocía hasta ahora (he de decir que europeas y extraeuropeas, aún no tengo experiencia en el Congo) era un kiosquillo como el de TUSSAM en la Plaza Nueva de Sevilla. Y lo primero con lo que me encontré era un cartelón que decía que no tenían mapas, que si quería, los comprase en algún estanco o kiosco. Tampoco disponían de itinerarios de autobuses. Vamos, lo más normal, pero en Roma claro!. Total, que cogí el mapa (pay per view) y a explorar el Campidoglio y los Fori Imperiali. Mi objetivo no era hacer turisteo (lo dejaba para más adelante), pero en esta ciudad eso es imposible. Algo, por cierto, muy de agradecer. Eso sí, tardé hora y media en llegar desde Piazza di Barberini a la Fontana di Trevi (un trayecto que si te lo conoces es de 10 minutos). Si me preguntáis qué pasó, sólo os puedo decir que mi sentido de la orientación y las indicaciones del Comune di Roma resultaron un cócktel Molotov. En fin, no es de extrañar que me quede con el momento de la Fontana di Trevi de entre todos los de mi paseo. Me sorprendió mucho. Realmente decidí ir porque estaba por la zona y mi idea inicial era combinar transporte público y “andare a piedi” para hacerme con la ciudad (siempre había pensado que la fontana era un típico sitio de turisteo, de los que no me gustan, aunque la visita sea obligada). Y la verdad es que no, yo creía que el genio de Fellini y la exhuberancia de Anita Ekbert lo habían hecho todo por esa fuente. Pero hoy he comprobado que es aún más espectacular en la vida real. Es Barroco en estado puro, ¡una fuente casi más grande que la plaza donde se enclava! Efectismo y la teatralidad en un escenario imposible. Me entraron hasta ganas de darme un chapuzón en esas aguas cristalinas con destellos esmeraldas, ¡Qué calor hacía! Más tarde seguí hacia Piazza di Spagna. Fue entonces cuando sufrí un nuevo ataque de “ciclotimia”. Sudada, no podía dejar de mirar los churretones de helado que tenía en el pantalón. En mi sin par excursión Barberini-Fontana di Trevi se me antojaron dos opciones: 1. cortarme las venas; 2. comprarme un helado. Mi error fue comprarme un helado de cucurucho, como os imagináis se derritió a la velocidad de la luz. Al menos, pude disfrutar la galleta porque el helado lo llevaba puesto en el pantalón (negro para más INRI). Fue inevitable que me entregara a la más absoluta miseria al pasearme entre las tiendas más exclusivas de Roma en las calles Babuino y Condotti. Seguro que si me hubiera dado por entrar me habrían echado a patadas.

Sumida en la depresión, opté por volver a Monteverde. Objetivo conseguido! Pero dos horas después y con un balance desolador en cuanto a mi misión imposible. Más allá de la línea de autobús 75 y de metro A y B no tengo ni la más remota idea de cómo moverme por Roma. Cuando llego a una ciudad nueva, y más si voy a residir algunos meses, lo primero que hago es memorizar la red de transporte. La autonomía de movimientos para mí es fundamental, me hace sentir dueña de la ciudad. Pues bien, incontestablemente Roma ha sido dueña de mí. No es que eso sea malo, todo lo contrario. Pero yo no soy una turista, no puedo conformarme con pasearme con la boca abierta mientras miro a mi alrededor. La frustración me dominó al arrivare  a casa. La cadena del pensamiento negativo lanzó su primer eslabón y así sucesivamente: sin acceso a internet me sentí sola e incomunicada, lejos de mi casa, de Madrid, sin puñetera idea de cómo plantear mi día a día en Roma y con un posible retraso en la tesis de tres meses si todos los días se presentaban igual durante mi estancia….

Sin embargo, después de cenar, me recuperé mientras escuchaba unos acordes que me emocionaron. Se trataba de una canción de Lucio  Battisti. Estaban emitiendo un especial en RAI2 por el décimo aniversario de su fallecimiento. Y casi sin darme cuenta, me sentí mucho mejor, cogí el mapa y vuelta a empezar: a planificar un nuevo día en Roma, incluido el listado de tareas domésticas. Después de todo, me alegro de estar en Roma y he recuperado el optimismo. Las cosas a mi alrededor han cambiado.

Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino” Charles Reade

11/09/2008, 9:27 | Comentarios & Trackbacks (5) | Permalink