Slumdog… millonaire?
Perro callejero millonario, esa es la traducción al español de Slumdog millonaire. Una película que “esencialmente conmueve, entretiene y deja una sonrisa al final”. Pero ¿por qué eso la devalúa de cara a los sesudos críticos?
No era mi preferida entre las cinco candidatas a mejor película. Como siempre, mis gustos van por otros derroteros que los transitados por los miembros de la Academia americana. Yo le habría dado el galardón como mejor película a the Reader; y a Gus Van Sant, la mejor dirección por Mi nombre es Harvey Milk. Respecto a El curioso caso de Benjamin Button, qué queréis que os diga –salvo la historia, original del gran F. Scott Fitzgerald- demasiado hollywoodiense para mi gusto. Eso sí, totalmente de acuerdo con el oscar a mejores efectos especiales.
Sin embargo, aún no salgo de mi asombro por las críticas malevolentes hacia la película de Danny Boyle que he escuchado esta mañana en la radio, concretamente mientras me cepillaba los dientes. ¿Pasteloso, inverosímil, ritmo inadecuado, planos cortos…? No voy a discutir los aspectos técnicos, sería una temeridad por mi parte. Pero las críticas que tienen que ver con la historia y el enfoque de la película me parecen muy injustas. El trasfondo de la película, lejos de rosa, me parece negro, muy negro. Es un relato, al mejor estilo dickensiano, de la infancia en Bombay. Conflictos entre musulmanes e hindúes, la vida en vertederos sin horizontes, las mafias de explotación sexual y económica infantil..etc, demasiado dolor, demasiada realidad para resultar verosímil. En definitiva, asistimos a la animalización del ser humano por el medio.
Sin embargo, esas imágenes tan devastadoramente reales en los suburbios, captadas por las tan criticadas pequeñas cámaras digitales, no se han puesto al servicio de lo fácil. El determinismo no se apodera de la historia, ni tan siquiera de la vida. Siempre hay una opción. El concurso ¿Quién quiere ser millonario? es sólo un original hilo del que tirar de la madeja para desentrañar una historia de sufrimiento y de esperanza. De hecho, para quienes hemos visto la película, el protagonista, Jamal Malik, ya es un triunfador antes de responder a la última pregunta. Si se convierte o no en millonario tan sólo es una anécdota, es irrelevante.
¿Inverosímil cuento de hadas? La noche pasada hemos asistido a la constatación de que los sueños también pueden ser reales. Si no, que se lo digan a la hija de una peluquera de Alcobendas de ¿discutible talento?
“Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción“. Samuel Johnson
Show must go on
Sí, el espectáculo debe continuar. En la última semana la televisión ha encontrado un filón en los aspectos más morbosos de un asesinato. La búsqueda de un cadáver se convierte per sé en noticia. Mientras, todos esperamos ansiosos a que la policía se cuelgue la medalla. ¿Puede justificarse la exposición mediática a la que se han prestado los máximos responsables de la investigación?
Esta es nuestra civilización, la civilización del espectáculo, como la califica Vargas Llosa. Una civilización donde prima el entretenimiento. La concupiscencia es el valor supremo de la ética de la superficialidad. Ya hemos dado el paso. No hay marcha atrás. Como predijo Sartori, la transición del homo sapiens al homo videns ha sido completada con éxito. El lenguaje televisivo se ha impuesto. Y como sabemos, esto ha tenido consecuencias. El lenguaje no sólo sirve para comunicar, es un instrumento de pensamiento. Las imágenes nos mueven emocionalmente. Lo reducen todo. Nuestro cerebro se simplifica, nuestro mundo se simplifica. Los padres llevan a sus hijos adolescentes, babies videntes, a la tele para suministrar carnaza a los carroñeros de ambos lados de la pantalla. Es su momento.
Quizás nos hallemos en el principio del fin de una civilización spengleriana, caracterizada por una cultura narcotizada y moribunda. Quién sabe….
Pero el espectáculo debe continuar, show must go on….
“En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa“. Antonio Machado
Las enseñanzas del zorro
El sábado pasado fui a hacer la compra semanal a la gran superficie de costumbre. Casi siempre sigo el mismo ritual, utilizo la misma entrada y me entretengo unos minutos echando un vistazo a la sección de libros, por la que forzosamente he de pasar. Casi nunca compro. Pero pasar las hojas de libros escogidos casi al azar, leyendo apresuradamente algunos pasajes, me relaja bastante. Mientras, mi novio hace lo propio en la sección de informática, justo al otro lado del pasillo. Al cabo de un rato, pequeño o grande dependiendo del día, uno de los dos se dirige al otro que continúa absorto en la contemplación, ya sea de la sinopsis de un libro o de las características de un artilugio electrónico. Entonces le recuerda la razón por la que estamos allí.
El caso es que el sábado no pude resistirme a comprar un ejemplar de El Principito. Fue un reencuentro con la infancia consciente. No sé dónde tengo aquel libro que me regaló mi madre, pero lo cierto es que, comprándolo de nuevo, pretendía algo más. No se trataba de las acuarelas originales de Antoine de Saint-Exupéry. Quise comprar la dulce y melancólica sensación de paraíso perdido que experimenté al reparar en él sobre las estanterías. Yo, como el principito, una vez soñé con tener mi propio asteroide B 612.
Uno de los pasajes más bellos es el de las enseñanzas del zorro…
“Lo que sorprende, sorprende una vez, pero lo que es admirable lo es más cuanto más se admira“. Joseph Joubert
Página 2
Casi una semana después, aún colea en los medios la intervención del telegénico Presidente en “Tengo una pregunta para usted”. El órdago de la joven con Síndrome de Down al presidente se habría convertido en el minuto más visto de todo el 2009. ¡¡¡Vaya récord tan meritorio!!! En fin..titulares . Debo confesar que no lo vi (obviamente no me estoy refiriendo a la repetición de la jugada del día siguiente). En mi caso, la tan traída y llevada telegenia de Zapatero no consiguió arrastrarme. Me decanté por el pelirrojo Horatio. Y eso que su rival no era Grissom, sin parangón entre los CSIs. Qué cosas, al parecer, coincidí con las inclinaciones televisivas de vascos y catalanes, o mejor dicho, de los televidentes del País Vasco y Cataluña.
Últimamente tengo pocos momentos de asueto y pese a que prácticamente no salgo de mis cuatro paredes favoritas, no veo la televisión. La caja tonta siempre ha sido una manera de desconectar tan fácil como simple….No lo niego. Pero, en mi opinión, los destinos ofertados para evadirse de la realidad dan ganas de salir corriendo, en dirección contraria y no parar. Alguna tarde, no muy inspirada, he visto cosas, como dijo aquel famoso replicante en Blade Runner, “que vosotros no creeríais”. Y, teniendo en cuenta el panorama, no estoy muy segura de si realmente hubiera preferido ver “atacar naves en llamas más allá de Orión”.
Pero, bueno, no todo está perdido. Por casualidad, el domingo pasado descubrí un programa que me gustaría recomendaros, Página 2. Se emite en la 2 todos los domingos a las 20.30 h. Es un programa entretenido para los amantes de los libros, ya sea como forma de ocio o incluso, me atrevería a decir, de vida. Creadores, criaturas y usufructuarios constituyen los protagonistas de este espacio transversal. Y aunque mi novio diga que es para “intelectualetas gafapastas”, no estoy de acuerdo. Se trata de un programa ameno que no cae en la pedantería. Así que si a esas horas estáis delante de la tele…
“Los replicantes son como cualquier otra máquina: pueden ser un beneficio o un peligro. Si son un beneficio, no es un asunto mío“. Rick Deckard en Blade Runner
Ps. Merece la pena leerse la novela en la que se basa la peli, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick.
El Muro de hierro
Hace un par de madrugadas, entrando en casa después de una comida, merienda, cena y after&after de Navidad, mi madre me esperaba agazapada en la oscuridad, casi total de no haber sido por la pantalla del ordenador. Apenas me dejó quitarme el abrigo, cuando indignada lamentaba lo que estaba pasando en Gaza. “¿Sabes algo?” me preguntó. Todavía embriagada por el festival de luces, dulces y alguna que otra bebida espirituosa, la pregunta me pareció un poco extemporánea. Le contesté: “pues estará pasando lo de siempre, anda que… ni que yo fuera Henrique Çymerman (el corresponsal de Antena 3 que tiene un acento rarrro)”. Cansada y sin ganas de amargarme pensando en la tragedia de unos y otros (a decir verdad, de unos más que de otros) me fui a dormir.
Aunque no me equivoqué en mi respuesta, “siempre pasa lo mismo”, no me imaginaba la envergadura de las operaciones militares que Israel está realizando sobre Gaza. Estoy asistiendo perpleja a la impunidad con la que Israel lleva a la práctica, por enésima vez, la “doctrina del muro de hierro”: las negociaciones y/o presiones sobre los palestinos deben sostenerse desde una posición de fuerza militar. Mientras la grandilocuencia de un Obama, es verdad aún electo, se queda muda. Quizás tampoco desee amargar sus vacaciones en Hawaii. Quién sabe pero sería un buen momento para saber en qué se traduce el cambio en la política exterior estadounidense a partir de una opinión sobre un hecho concreto. En cualquier caso, la administración Bush exige a Hamas un alto el fuego. Desde luego, no por más previsble, puede dejar indiferente a nadie.
A quienes les interese lo que ocurre en Oriente Próximo, me gustaría recomendar un libro del profesor israelí Avi Shlaim. Un libro excelente que, desde aquí, debo agradecer a Manuel Chaves y a mi madre, cuya intervención fue decisiva para que el Presidente de la Junta de Andalucía me lo regalara (esto os lo cuento otro día).
Shlaim es uno de los estudiosos más equilibrados y lúcidos sobre la cuestión árabe-sionista, que no acude al recurso fácil del víctimismo maniqueo ni a asideros de legitimidad que valgan. En El muro de hierro. Israel y el mundo árabe (Granada: Almed, 2003), estudia pormenorizadamente la política de Israel hacia sus vecinos en los primeros cincuenta años de su existencia como Estado, desde 1948 a 1998. Una política que habría oscilado como un péndulo sobre “la doctrina del muro de hierro”. Una doctrina, según Shlaim, convertida en el eje central de la política de Israel, bajo la falacia del principio “paz por territorios”. Shlaim sitúa las acciones militares y políticas de Israel bajo su rigurosa mirada, tomando nota de que, como ha ocurrido con tanta frecuencia en los últimos diez años, la situación en Oriente Próximo “es rehén de los caprichos de las políticas internas israelíes”. Habría que preguntarse más por la profunda crisis que atraviesa la clase política israelí que por los cohetes Qassam.
“Israel no tiene política exterior, sólo políticas interiores” Henry Kissinger
El Gatopardo cumple cincuenta años
Últimamente no suelo prestar mucha atención a la rabiosa actualidad. Pero hoy aprovechando el descanso dominical, mientras embebía un libro sobre los principales genios del Renacimiento italiano, dejé por un instante de contemplar El amor Sacro y Profano de Tiziano para concentrarme en una noticia del telegiornale (telediario) de la RAI que se escuchaba de fondo: se cumplían cincuenta años de la publicación de la espléndida novela de Giuseppe Tomasi Lampedusa. El Gatopardo cumple medio siglo.
Recuerdo haber visto la película en varias sesiones de una clase de pensamiento político, claro está, del XIX. Aunque en la Universidad iba a aquellas sesiones cinematográficas un poco por rellenar el expediente, en aquella ocasión no me arrepentí. La representación tan sugerente de esos dos mundos paradójicos e inalienables, más allá de la ideología, que encarnaban el jovencísimo Alain Delon (Tancredi Falconieri) y el bigotudo anciano Burt Lancaster ( el príncipe don Fabrizio Salina) en la Italia del trasformismo me hicieron pensar. Fueron un tiempo y una sociedad complejos, vibrantes, llenos de matices, en definitiva de contradicciones, que constituyen una referencia a la hora de entender el liberalismo oligárquico en el XIX, que se mantuvo hasta el siglo XX en la Europa del Sur.
El caso es que me sentía casi en la “obligación” de escribir sobre la Victoria estelar de Obama, digna con toda su parafernalia, de uno de los mejores estrenos cinematográficos de la temporada. Y fiel a mi estilo de perderme por los cerros de Úbeda, antes de cruzar el charco me apetecía pasearme por Palermo. Qué queréis que os diga, a mí Obama no me despierta pasiones. Ni siquiera desde la época en que la chica Obama (aquélla de la camiseta ajustada que se contoneaba a ritmo de Hip Hop) le dio su primer impulso mediático en el Youtube. Tampoco con sus discursos salvíficos ya como presidente del coloso americano. Me suena a anuncio. Desde luego, hay que reconocer que ya ha hecho bastante por la imagen en el exterior de su país (aunque no parece algo muy difícil, Bush había puesto el umbral muy, pero que muy bajo). Sin duda es un hombre con suerte, atractivo y capaz de vender un proyecto ilusionante. El temor de la familia Kennedy a que se consolidara otra saga familiar, los Clinton, con el mismo ascendiente sobre el partido demócrata, le ha ayudado mucho. No obstante, como político profesional (que conviene recordar que lo es) a Obama no se le pueden poner pegas. Veremos como gobernante. Casos como los del propio JFK o Carter podrían ser precedentes en cuanto a la montaña rusa que forman expectativa y decepción.
Sólo cabría esperar que Obama no pasase a la historia exclusivamente por ser el primer presidente negro de los EEUU (después de que Powell o Rice hayan desempeñado puestos muy importantes en el segundo escalafón de la cadena de mando, tamaña hazaña racial se antojaría de menor relevancia). En fin, que no puedo dejar de preguntarme si Obama sólo esconde en la manga el as del gatopardismo: “¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”. “…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está” (El Gatopardo).
Perdonadme la frivolidad pero aunque corran malos tiempos para un Woody Allen, en clara decadencia creativa, me inspira más que Obama.
”Hay momentos en que la audacia es prudencia” Clarence S. Darrow
Los angelitos de Bouguereau
Mucho antes de iniciar travesía por el Tevere y correrías por el Trastevere, ya había visto la imagen de esos dos angelitos besándose tiernamente. Estaban en mi casa, en Sevilla. Dos bebés con alas entrelazados sobre nubes de algodón, que me venían recurrentemente a la cabeza -no sé el porqué- en momentos de somnolencia. Sinceramente, jamás les presté mucha atención. El academicismo pictórico nunca fue santo de mi devoción, menos aún el de pincel francés. Un conflicto estético probablemente heredado de mi abuelo Antonio, que llamaba jocosamente “su primo” al joven inglés del gran cuadro del salón de estilo neoclásico, que perdía su mirada sobre nuestras cabezas mientras nos sentábamos en el sofá. Un sofá enorme de terciopelo verde, del mismo color que sus enigmáticos ojos gatunos. Qué decepción sentí el día que supe que realmente el niño inglés no era de mi familia….
Desde que abandoné el nido materno la armonía y perfección del neoclasicismo más repipi no sólo dejó de ser un elemento cotidiano para mí, me olvidé por completo de él. Sin embargo, casi sin darme cuenta, inconscientemente, estas últimas semanas he pensado mucho en esos ángeles rubicundos de mi casa besándose delicada y castamente. Pero a santo de qué…Ni siquiera recordaba el título del cuadro, qué decir de su autor. Hace poco en la Galería Borghese, al pasar por la tienda, descubrí por qué había regresado ese pequeño y delicioso recuerdo de un pasado ya remoto. Allí estaban, en postales, en tazas y hasta en orfebrería. Un flashback me trasladó de inmediato a la Galería Uffizi en Florencia. ¡También estaban allí! Incluso habían sido serigrafiados en paraguas. ¡Lo recordaba! La misma imagen en los Museos Vaticanos, en los Museos Capitolinos… ¿Cómo era posible que no recordase haber estado delante de ellos? Sólo tenía consciencia de haber visto otros ángeles igual de célebres, eso sí, más feos pero con más sustancia, esta vez pintados por Rafael Sanzio. Giré buscando respuestas inmediatas la postal expuesta y en el reverso constaba lo siguiente: “Il Primo Bacio” (El primer beso) 1890, William Adolphe Bouguereau, colección privada. Pregunté acto seguido en la tienda sobre esa reproducción y no supieron precisarme dónde se hallaba la colección, ni siquiera que se encontrase en Italia. Tan sólo me afirmaron que no estaba abierta al público. ¿Por qué es imagen de merchandising en las tiendas de museos y galerías de Roma, si el pintor es francés y el cuadro no está en ninguna de esas colecciones? Un interrogante que formulé en voz alta ante unos conservadores de la galería. Éstos se sonrieron e hicieron mutis.
Mientras paseaba pensativa por la impresionante Villa Borghese, decidí agotar todos los cartuchos a mi disposición en ese momento. Llamé a mi madre. No podía esperar a saber. Me contó que la reproducción sita en casa, era un regalo que le hizo una amiga después de un viaje a Italia. Y que más allá de que le gustaba mucho, poco podía aclararme para resolver el misterio. En cuanto llegué a Monteverde hice una búsqueda en internet. Sólo descubrí que “El primer beso”, en realidad se llamaba “Cupido y Psique niños”, que Bouguereau, un tanto extemporáneo teniendo en cuenta que fue coetáneo de los impresionistas, ganó varios certámenes de pintura en Roma, donde residió y estudió a su ídolo, Rafael. Quizás esta sea la conexión. No lo sé. Ignoro casi todo sobre este pintor y su obra, quizás alguno pueda decirme qué se esconde detrás de esta imagen reducida al souvenir. Me pregunto si los miles, centenares de miles, incluso millones de turistas que la han comprado y la seguirán comprando lo saben. Probablemente la inmensa mayoría no.
”Toda pintura es un hecho: las pinturas están cargadas con su propia presencia“. Andy Warhol
Esa misteriosa palabra: sinestesia.
Generalmente cuando me preguntan cuál es mi cantante, mi escritor o mi película favoritos me es muy difícil responder. Detesto esta clase de requisitorias que ciertas personas se empeñan en hacer, a traición, cuando menos te lo esperas. Siempre me quedo en blanco. No sé qué decir. Puede que a alguno de vosotros le ocurra lo mismo. En mi caso sólo podría reconocer una salvedad, pues en el terreno de la pintura ventilo este entuerto más fácilmente. Quizás mis conocimientos sean más pobres o más especializados. No lo sé. Pero hay dos artistas que me vienen casi automáticamente a la mente. Los dos son rusos y emplean el color rojo con tantos matices y significados que me llegan a obsesionar.
Suelo ir al final del día a la Feltrinelli para comprar libros que leer en italiano. Textos amenos, que se alejen de todo lo que tenga que ver con la tesis, y que casi me obliguen a leer en las últimas horas de la jornada, o bien, en los raros y breves momentos de asueto que me es posible arañar durante la misma. Aparte de proveerme de unas cuantas novelas de bolsillo de “giallo” (en italiano giallo significa amarillo, pero también es el adjetivo que refiere el género de suspense y/o policíaco), no pude resistirme a comprar un monográfico de Taschen, bastante más cuidado de los que suelen poner de oferta a 9.95 euros, sobre Marc Chagall (1887-1985).
Si Wassily Kandisnky (1866-1944) es un pintor con alma de músico, Chagall es un poeta con alma de pintor. Si las teorías del primero sobre el arte y la vida impregnan toda su estética, en el segundo las intuiciones empíricas concretas crean un universo estético donde la irracionalidad termina siendo el principio del orden. Después de leer Sobre lo espiritual en el arte (1911) me es imposible no escuchar los acordes de cada una de las pinceladas de Kandinsky, la melodía precisa y distinta de cada color: amarillo y azul, blanco y negro, rojo y verde. El caso de Chagall es diferente. ¿Dónde está la teoría? Chagall no rompe con las formas del mundo exterior pero sus mundos pictóricos resultan, en ocasiones, más complejos de desencriptar. En la composición de un espacio onírico, sus figuras y colores escriben los versos de un poema tan íntimo…Es el del terruño ruso, el del aislamiento del ghetto judío y el miedo ancestral al pogrom. Una ruptura menos evidente pero más profunda y dramática con el exterior que, me atrevería a decir, la de Kandinsky y que el artista, cuyo nombre de nacimiento fue Moisés, jamás dejó de experimentar. Una sensación de ruptura que Chagall seguiría alimentando a lo largo de su vida, incluso recurriendo a psicotrópicos alucinógenos.
“Ahora que Matisse ha muerto, Chagall es el único pintor capaz de comprender qué es verdaderamente el color…Ninguno, desde Renoir en adelante, ha poseido jamás un sentido de la luz y de la vida como Chagall” Picasso
Surprise, surprise!
Quedan apenas unas semanas para mi cumpleaños…por supuesto, no os diré cuántos me caen. Con motivo de tamaña efeméride suelo recibir gratas sorpresas. Recuerdo con especial cariño una fiesta a lo suprise, surprise!. Sin duda un tipo de fiesta de lo más entrañable. De hecho, también he participado como maestra de ceremonias para otros en alguna de ellas. Aunque he de decir que jamás en una Universidad. Nunca he tenido la suerte de asistir a una fiesta surprise, surprise! como la que le han preparado al profesor Richard Kagan en la John Hopkins..y es que estos americanos sí que saben hacer las cosas a lo grande.
Os paso a continuación la crónica de mi corresponsal en Baltimore (obviamente he esperado a que la fiesta tuviese lugar, que aunque es bastante improbable que la publicación de tan nobles intenciones hubiera llegado al conocimiento del interesado…nunca se sabe. Hay mucho freaky suelto por internet).
“Buenas Caro,
Me alegro de que ya te vayas integrando, y de que hayas encontrado además de una buena compañera de piso una amiga. Por mi parte sigo bien… para variar la preparación de las clases me quita un tiempo precioso para la realización de la tesis, pero creo que merece la pena la experiencia. La clase es pequeñita, sólo 8 alumnos, eso sí, graduados que están realizando su tesis doctoral. Tres de ellos (chicas) sobre España, lo que les proporciona un buen nivel de conocimientos… y sobre todo un gran nivel de español. Por contra una alumna tiene un inglés horrible, lo que sumado a que nunca me mira cuando me habla provoca que tenga que sudar tinta para enterarme de lo que me dice.
Por lo demás me he muerto y he subido al cielo. Me explico, este fin de semana es el cumpleaños de mi supervisor (Richard Kagan) y ya sabes que en EEUU son muy dados a las fiestas sorpresas. Lo que no podía pasar por mi imaginación es que la sorpresa que le ha preparado la universidad es 3 días de conferencias sobre historia de España… con James Amelang, Geoffrey Parker, John Elliot… Vamos que llega a venir también Henry Kamen y me “como” a los mejores hispanistas de un plumazo. Ah y de España también han traido a Xavier Gil Puyol. Supongo que va a ser gracioso la cara que se le quede cuando Kagan llegue engañado (no sé qué excusa le pondrán) y se encuentre con semejante plantel. En fin… que esto también sólo puede pasar en EEUU (traer a los mejores especialistas de distintas partes del mundo, y sin dar publicidad realizar una ciclo de conferencias como fiesta sorpresa…)
Bueno Caro… otro dia te escribo un poquito más.
Reichel”
Devolviendo la conexión…
“La sorpresa es el móvil de cada descubrimiento” Cesare Pavese
Corta Atalaya, una historia en rojo
Visto lo visto y el gran éxito cosechado, he decidido no escribir más sobre mis paranoias “tesineras”. El hecho es que entre mis lectores mayoritariamente se encuentran viejos amigos (existen excepciones de obligada mención). Por eso, en lugar de dejarme comentarios en abierto sobre la última (digo, penúltima) entrada, me han escrito off the record para preguntarme quién es Jordi Nadal y, de paso, participarme jocosamente que por ese camino, hasta ellos, van a dejar de leerme. Grazie tante! Tan sólo un recordatorio: si no modero los comentarios es por algo, bienvenidas las críticas (incluso en público o in the record).
Bueno, vale, de acuerdo, CAPITO, pero no puedo resistirme -teniendo en cuenta que ando metida en cuestiones mineras, dándole con el pico y la pala a los intereses mineros franceses y británicos en Andalucía- a recomendaros vívamente que visitéis Río Tinto en Huelva, especialmente Corta Atalaya. En palabras de Juan Cobos Wilkins, “el corazón de la tierra” o tal vez, el corazón del hombre en la tierra. Si me hacéis caso y vais, entenderéis el porqué…
Ecco la Gran Guerra!!!
Si es que todos los caminos llevan a Roma J
“Reivindico el espejismo de ser uno mismo” Luis Eduardo Aute