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Nada de lo humano me es ajeno

Miguel Delibes, fin del camino

 Publicado por Historiadora Histérica en Actualidad, Literatura, Personal

Miguel Delibes ocupa un puesto de primerísimo orden en la narrativa española del siglo XX. Un lugar de honor en el que, entre otros, también están escritores que forman parte de mi aventura personal por la literatura española, Camilo José Cela y Carmen Laforet. Pertenecen a una generación vital que se extingue pero cuyo legado literario es incalculable. No puedo resistirme a hacerles un modesto homenaje aprovechando, como se dice, que el Pisuerga pasa por Valladolid. Especialmente a Delibes y Laforet, dos caras de una misma moneda: la novela social, realismo descarnado y humanismo, el campo y la ciudad, el terruño y la ciudad cosmopolita machacada por un tiempo gris y frío como el mármol, constancia e intuición, el trabajo diario que busca domeñar al genio, cuya manifestación más evidente es la servidumbre de la ópera prima genial.

 Pero son pocos, muy pocos, los casos de una trayectoria en los que el hombre y el autor no sólo no emprenden caminos paralelos, sino contradictorios. Ésta es una de esas excepciones. Hoy se ha marchado Miguel Delibes, con la misma naturalidad y sencillez que le han acompañado siempre, en su vida y en su obra.

Si tu intención es descubrir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre” Albert Einstein

13/03/2010, 0:48 | Comentarios & Trackbacks (1) | Permalink


Las enseñanzas del zorro

 Publicado por Historiadora Histérica en Literatura, Personal

El sábado pasado fui a hacer la compra semanal a la gran superficie de costumbre. Casi siempre sigo el mismo ritual, utilizo la misma entrada y me entretengo unos minutos echando un vistazo a la sección de libros, por la que forzosamente he de pasar. Casi nunca compro. Pero pasar las hojas de libros escogidos casi al azar, leyendo apresuradamente algunos pasajes, me relaja bastante. Mientras, mi novio hace lo propio en la sección de informática, justo al otro lado del pasillo.  Al cabo de un rato, pequeño o grande dependiendo del día, uno de los dos se dirige al otro que continúa absorto en la contemplación, ya sea de la sinopsis de un libro o de las características de un artilugio electrónico. Entonces le recuerda la razón por la que estamos allí.
El caso es que el sábado no pude resistirme a comprar un ejemplar de El Principito. Fue un reencuentro con la infancia consciente. No sé dónde tengo aquel libro que me regaló mi madre, pero lo cierto es que, comprándolo de nuevo, pretendía algo más. No se trataba de las acuarelas originales de Antoine de Saint-Exupéry. Quise comprar la dulce y melancólica sensación de paraíso perdido que experimenté al reparar en él sobre las estanterías. Yo, como el principito, una vez soñé con tener mi propio asteroide B 612.

Uno de los pasajes más bellos es el de las enseñanzas del zorro…

Lo que sorprende, sorprende una vez, pero lo que es admirable lo es más cuanto más se admira“. Joseph Joubert

9/02/2009, 20:49 | Comentarios & Trackbacks (2) | Permalink


Página 2

 Publicado por Historiadora Histérica en Actualidad, Cine, Literatura, Personal, televisión

Casi una semana después, aún colea en los medios la intervención del telegénico Presidente en “Tengo una pregunta para usted”. El órdago de la joven con Síndrome de Down al presidente se habría convertido en el minuto más visto de todo el 2009. ¡¡¡Vaya récord tan meritorio!!! En fin..titulares . Debo confesar que no lo vi (obviamente no me estoy refiriendo a la repetición de la jugada del día siguiente). En mi caso, la tan traída y llevada telegenia de Zapatero no consiguió arrastrarme. Me decanté por el pelirrojo Horatio. Y eso que su rival no era Grissom, sin parangón entre los CSIs. Qué cosas, al parecer, coincidí con las inclinaciones televisivas de vascos y catalanes, o mejor dicho, de los televidentes del País Vasco y Cataluña.

Últimamente tengo pocos momentos de asueto y pese a que prácticamente no salgo de mis cuatro paredes favoritas, no veo la televisión. La caja tonta siempre ha sido una manera de desconectar tan fácil como simple….No lo niego. Pero, en mi opinión, los destinos ofertados para evadirse de la realidad dan ganas de salir corriendo, en dirección contraria y no parar. Alguna tarde, no muy inspirada, he visto cosas, como dijo aquel famoso replicante en Blade Runner, “que vosotros no creeríais”. Y, teniendo en cuenta el panorama, no estoy muy segura de si realmente hubiera preferido ver “atacar naves en llamas más allá de Orión”.

Pero, bueno, no todo está perdido. Por casualidad, el domingo pasado descubrí un programa que me gustaría recomendaros, Página 2. Se emite en la 2 todos los domingos a las 20.30 h.  Es un programa entretenido para los amantes de los libros, ya sea como forma de ocio o incluso, me atrevería a decir, de vida. Creadores, criaturas y usufructuarios constituyen los protagonistas de este espacio transversal. Y aunque mi novio diga que es para “intelectualetas gafapastas”, no estoy de acuerdo. Se trata de un programa ameno que no cae en la pedantería. Así que si a esas horas estáis delante de la tele…

Los replicantes son como cualquier otra máquina: pueden ser un beneficio o un peligro. Si son un beneficio, no es un asunto mío“. Rick Deckard en Blade Runner

Ps. Merece la pena leerse la novela en la que se basa la peli, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick.

1/02/2009, 14:41 | Comentarios & Trackbacks (0) | Permalink


El Gatopardo cumple cincuenta años

 Publicado por Historiadora Histérica en Cine, Internacional, Política

Últimamente no suelo prestar mucha atención a la rabiosa actualidad. Pero hoy aprovechando el descanso dominical, mientras embebía un libro sobre los principales genios del Renacimiento italiano, dejé por un instante de contemplar El amor Sacro y Profano de Tiziano para concentrarme en una noticia del telegiornale (telediario) de la RAI que se escuchaba de fondo: se cumplían cincuenta años de la publicación de la espléndida novela de Giuseppe Tomasi Lampedusa. El Gatopardo cumple medio siglo.

Recuerdo haber visto la película en varias sesiones de una clase de pensamiento político, claro está, del XIX. Aunque en la Universidad iba a aquellas sesiones cinematográficas un poco por rellenar el expediente, en aquella ocasión no me arrepentí. La representación tan sugerente de esos dos mundos paradójicos e inalienables, más allá de la ideología, que encarnaban el jovencísimo Alain Delon (Tancredi Falconieri) y el bigotudo anciano Burt Lancaster ( el príncipe don Fabrizio Salina) en la Italia del trasformismo me hicieron pensar. Fueron un tiempo y una sociedad complejos, vibrantes, llenos de matices, en definitiva de contradicciones, que constituyen una referencia a la hora de entender el liberalismo oligárquico en el XIX, que se mantuvo hasta el siglo XX en la Europa del Sur.

El caso es que me sentía casi  en la “obligación” de escribir sobre la Victoria estelar de Obama, digna con toda su parafernalia, de uno de los mejores estrenos cinematográficos de la temporada. Y fiel a mi estilo de perderme por los cerros de Úbeda, antes de cruzar el charco me apetecía pasearme por Palermo. Qué queréis que os diga, a mí Obama no me despierta pasiones. Ni siquiera desde la época en que la chica Obama (aquélla de la camiseta ajustada que se contoneaba a ritmo de Hip Hop) le dio su primer impulso mediático en el Youtube. Tampoco con sus discursos salvíficos ya como presidente del coloso americano. Me suena a anuncio. Desde luego, hay que reconocer que ya ha hecho bastante por la imagen en el exterior de su país (aunque no parece algo muy difícil, Bush había puesto el umbral muy, pero que muy bajo). Sin duda es un hombre con suerte, atractivo y capaz de vender un proyecto ilusionante. El temor de la familia Kennedy a que se consolidara otra saga  familiar, los Clinton, con el mismo ascendiente sobre el partido demócrata, le ha ayudado mucho. No obstante, como político profesional (que conviene recordar que lo es) a Obama no se le pueden poner pegas. Veremos como gobernante. Casos como los del propio JFK o Carter podrían ser precedentes en cuanto a la montaña rusa que forman expectativa y decepción. 

Sólo cabría esperar que Obama no pasase a la historia  exclusivamente por ser el primer presidente negro de los EEUU (después de que Powell o Rice hayan desempeñado puestos muy importantes en el segundo escalafón de la cadena de mando, tamaña hazaña racial se antojaría de menor relevancia). En fin, que no puedo dejar de preguntarme si Obama sólo esconde en la manga el as del gatopardismo: “¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”. “…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está” (El Gatopardo).

Perdonadme la frivolidad pero aunque corran malos tiempos para un Woody Allen, en clara decadencia creativa, me inspira más que Obama.

 ”Hay momentos en que la audacia es prudencia” Clarence S. Darrow

 

23/11/2008, 21:53 | Comentarios & Trackbacks (2) | Permalink