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Nada de lo humano me es ajeno

Pasión Turca (Pasión Estambulí II).

 Publicado por Historiadora Histérica en Historia, Personal, Viajes

Después de darle varias vueltas al asunto, he llegado a la conclusión de que no haría justicia a “mi viaje” si titulara este post como Pasión Estambulí II. Sería tomar la parte por el todo. Estas mini-vacaciones me han abierto una pequeña mirilla por la que curiosear con la vista puesta en un horizonte más lejano y atrayente. Esto no quiere decir que Estambul no haya estado a la altura de las expectativas alimentadas durante meses, todo lo contrario, las ha superado con creces. Cuando preparas un viaje con amoroso esmero, trazando todos los recorridos posibles en un mapa que, finalmente, llegas a memorizar, devorando cuantos libros caen en tus manos para, después soñar con ellos, es harto complicado que la realidad esté a la altura de las expectativas. No obstante, en este caso excepcional, la realidad desborda más allá de cualquier idea preconcebida, por exagerada que sea.  He de confesar que no sé si he descubierto Turquía en Estambul, o Estambul en Turquía. Podría hablar de los contrastes de un país que se convierte en quintaesencia de la megalópolis o viceversa. Pero, para ser sincera, sería más que osado sentar certezas o ideas con visos de, teniendo en cuenta la duración de mi viaje. 

Jamás olvidaré las sensaciones que me produjo mi primer contacto con la Capadocia, con sus tierras áridas, prácticamente desérticas y despobladas. Es llamativo que las primeras comunidades de ascetas cristianos germinasen subterráneamente en un paraje que parece haber sido olvidado por dios. El contraste entre las formaciones rocosas, que te trasladan a espacios legendarios propios de ciclos mitológicos paganos, y  la severidad de los frescos paleocristianos de Cristo Juez (PANTOKRATOR), resulta cuanto menos perturbador.  Un desasosiego que se diluye por completo, hasta desaparecer en la distancia, mientras volamos en un Globo a casi 600 m de altura con la primera luz del día. La Capadocia se vuelve un paisaje atemporal, amable y apacible, transmitiendo la sensación de que ha sido diseñado para la contemplación en el silencio del vacío.

Pero los contrastes del paisaje físico y humano se proyectaron sobre la pantalla de mis ojos de la forma más natural durante el viaje en autobús a Estambul. Son muchas horas, tiempo para contemplar y meditar. Pasamos de largo por el Gran Lago salado, un desierto de sal que termina confundiéndose con un espejismo de la nada. A continuación, la visita a Ankara coincidió con las celebraciones de la efeméride de la independencia turca. Era el día señalado para las demostraciones del orgullo nacional (30 de agosto), una de cuyas epítomes más sublimes se encuentra en el Museo de las Civilizaciones. Un templo de la arqueología al servicio de un constructo, el de aquel gran hombre, cuya imagen impertérrita aparecía junto a la bandera en casi todos los rincones de la ciudad. Fue el mecenas predilecto del Imperio Hitita, Mustafá Kemal, quien se hizo a sí mismo padre de los turcos (eso es lo que significa el sobrenombre, ”Atatürk”, yo siempre pensé que realmente se llamaba así). Una vez abandonas Ankara, el amarillo va dejando paso al verde. El bosque nos avisa de que el Mediterráneo está cerca. Otra Turquía nos aguarda.

Dos horas para cruzar el puente intercontinental me corroboraron que Estambul era mucho más que Constantinopla, y que la imagen romántica del archipiélago de las siete colinas había sido engullida por una megalopolis de casi 15 millones de habitantes. Se necesitarían años para descubrir el verdadero Estambul, el Estambul turco, el pobre y remoto del que habla Pamuk, ese Estambul en el que miseria y dogmatismo religioso suelen ir abrazados. Fue imposible no sentir frustración porque jamás llegaría a la esencia, un sentimiento de decepción y miedo al reduccionismo que arraigó durante un interminable atasco. 

Juan Goytisolo ha escrito que Estambul es una de esas ciudades, como Nueva York, en el que la belleza del conjunto subsume la fealdad de las partes. Desgraciadamente yo sólo he vivido el mejor Estambul, el que alberga el corazón de dos Imperios, Romano y Otomano, enlazando a Oriente y Occidente sin solución de continuidad. El Estambul sincrético que se muestra en todo su esplendor al turista. Me hubiera gustado penetrar en la ciudad y descubrir sus secretos más inconfesables. Sin embargo, sólo ha quedado tiempo para que la ciudad ancle en mí, en mis sentidos. Nunca olvidaré “mi Estambul”: una cascada de cúpulas iluminadas por el Ramadán, donde la brisa te susurra secretos inteligibles allende el mar. Una ciudad encantada en la que vive gente, si cabe, más encantadora.

A menudo sucede que lo que parece más irreal y ficticio es lo único verdadero.” Soledad Puértolas

14/09/2008, 19:25 | Comentarios & Trackbacks (2) | Permalink


Mudanzas y andanzas

 Publicado por Historiadora Histérica en Diario de..., General, Personal, Viajes

Ayer regresé de Estambul y mi retina aún se resiste a abandonar el Bósforo y el archipiélago de colinas que forman la ciudad. Esta noche he soñado con una cascada iluminada de cúpulas etéreas, presidida por la maciza Aya Sofía y la liviana Mezquita Azul. He vuelto a navegar por las oscuras y turbulentas aguas del Bósforo, y por el remanso mediterráneo del Cuerno de Oro mientras las llamadas a la oración de los modernos almuédanos reverberaban en mis oídos. He sentido la brisa juguetona del mar sobre mi rostro contemplando las vistas más espectaculares y sugerentes que se puedan imaginar. Occidente y Oriente, Islam y Cristianismo, Confesionalidad y Laicismo, Conservadurismo y Modernización, conceptos que parecen entrar en contradicción pero, sorprendentemente, amalgamados sin solución de continuidad ni estridencias en Estambul.

Sé que sois muchos lo que me habéis visitado en los últimos días esperando que os abra una nueva ventana a la curiosidad. El tiempo que he pasado en Estambul me ha sabido a poco, muy poco, he apurado a grandes y atropellados sorbos todo lo que me ofrecía. Lo prometido es deuda y escribiré sobre este viaje apasionante por la HISTORIA y por la VIDA. Tan sólo os pido un poquitín de paciencia.

El Martes me marcho a Roma y antes tengo que dejar embalados kilos y Kilos de papel acumulados durante otro viaje que está llegando a su fin, el que emprendí hace cuatro años cuando comencé la tesis doctoral. Son días de ajetreo y cambios, pero todavia SIGO AQUÍ. Muchas gracias por ESTAR AHÍ.

Yo, para todo viaje
—siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera—,
voy ligero de equipaje
”.
En tren (CX) Antonio Machado

4/09/2008, 11:30 | Comentarios & Trackbacks (3) | Permalink


Pasión Estambulí I

 Publicado por Historiadora Histérica en Actualidad, General, Historia, Internacional, Viajes

En un par de semanas estaré en un avión de Turkish Airlines volando hacia la realización de un sueño. Viajaré al Levante en el que muchos han buscado y siguen buscando la imagen del Orientalismo que definió Edward Said. No obstante, para mí Turquía significa otra cosa. Es la contradicción viviente. Aún recuerdo mi pasmo de niña cuando descubrí, viendo Informe Semanal, que Turquía era un estado laico y España no. Por entonces para mí los turcos eran otros moros más. Sentí una extraña mezcla de sorpresa y fascinación. Pero para ser sinceros mi interés por la Sublime Puerta no duró más de media hora. Por entonces mis preocupaciones eran otras. Tenía demasiados deberes como para ponerme a leer textos extraescolares. Además, mis gustos literarios se agotaban en la novela negra o de misterio. Leerme las series detectivescas de Poe, Agatha Christie o Simenon me llevó varios veranos.

Creo recordar que Turquía volvió a mí con La Pasión Turca (1994) y todo el revuelo que se armó con el folleteo de Ana Belén y Georges Corraface. Yo era una adolescente y recuerdo haberme colado en el cine para verla. El resultado fue todo un fiasco. Corraface era guapo pero no estaba tan bueno como Brad Pitt en Entrevista con el Vampiro (1994). Así que ni fú ni fá. A los quince años, el hecho de memorizar un párrafo de Procopio (“Salomón te he superado”) sobre la cúpula de Santa Sofía y sus autores, Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto, ya me había fastidiado bastante. Sabía que si lo cascaba tal cual en el examen sobre Bizancio, conseguiría el 10. Con menos no me conformaba.

Es una pena que el inefable Aranda volviera una década después, no ya a Estambul, sino a Constantinopla con Tirante El Blanco (2005). En mi descargo, he de decir que había quedado con otros dos amigos para ir al cine y se cumplió escrupulosamente la premisa de Churchill sobre la imperfección de la democracia, el sistema menos malo. En fin, más de lo mismo, Victoria Abril enseñando las tetas sin venir a cuento y folleteo que no falte, eso sí con mamporreros incluidos. ¿Será por la fama de bujarrones y amorales de los turcos lo del folleteo? Menos mal que Corraface se redimió más tarde en Un toque de canela (2003), donde Estambul y las identidades griega y turca constituían personajes de la historia. El gusanillo turco no volvió a aparecer hasta que comencé a viajar en la edad, llamémosla así,”adulta”. Mi compañera de piso, Angelines, me hizo un comentario sobre la que para ella era la ciudad más bella del mundo, Estambul. Supongo que quiso dejarme claro que yo era una cateta sin mundo en la víspera de mi primer viaje a París como turista. Sin embargo, no me lo tomé a mal, todo lo contrario, me convenció. Me entraron ganas de anular mis vacaciones y cambiar de destino. Cosa que obviamente no hice, pero sí que se me quedó una especie de cantinela con Istanbul. Y a base de repetírsela a mi novio, parece que tuvo éxito. Aquí estamos.

Chesterton decía que “un especialista es alguien que sabe cada vez más de cada vez menos”. Esa soy yo!!! Desafortunadamente (para mí) desde que empecé con la tesis mis lecturas han sido un poco/ un mucho monotemáticas. Pero, bueno, no todo está perdido. He podido sacar algunos ratillos para ambientar mi viaje, por si fumar en cachimba no fuera suficiente, llegado el momento, para ambientarme. Para ello, he recurrido a Juan Goytisolo y Orham Pamuk. La verdad no sé con quién quedarme. Al leer Estambul. Ciudad y Recuerdos de Pamuk me dio un bajonazo en toda regla. Tanta melancolía, tanta amargura en los barrios “remotos y pobres de Estambul”, tanta contradicción cosustancial entre la personalidad oriental y la occidental deprimen a cualquiera. El pobre Orham identifica la vorágine de empobrecimiento moral y material en la que se ve inmersa su familia a partir de los años 50 del siglo XX con la fisonomía y el espíritu decrépito de la ciudad. En contraste, Goytisolo nos ofrece una cara mucho más amable en su Estambul Otomano. Desde luego, nos descubre un mundo casi idílico con todo el esplendor de los oropeles de la Casa de Osmán. ¿Pero qué hay del Estambul turco? A mí me interesan ambos y no puedo esperar a forjarme mi propia paradoja de Estambul.

Ya os contaré. Voy de turista (La Capadocia incluida en el lote), aunque eso sí, una turista muy leída. Mis impresiones a la vuelta.

Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina”. G.K. Chesterton

12/08/2008, 16:49 | Comentarios & Trackbacks (4) | Permalink