Una de cambio de ministros
De alguna manera mi anterior post ya anticipaba semanas de silencio. La tesis es lo que tiene, me deja muy pocas neuronas…De hecho, ha convertido mi cerebro en un material fungible que se agota al ritmo de cada golpe de teclado. Además, para vuestra información, me he quitado la famosa muela del juicio y con ella he perdido un poquito más del escaso juicio que me quedaba. Por cierto, sí, sí, ha sido tan terrible como me imaginaba. Algún amigo ya me dijo que la metodología de la cirugía maxilofacial no había avanzado mucho desde los aztecas, aquellos sanguinarios pioneros, pues doy fe de ello. Como me la han quitado en el Marañón, no sé si, quizás pagando 200 lereles, me lo hubieran hecho con más cariño en una consulta privada…Imaginaos el cuadro, una enfermera, un médico tirándome de la muela y otro de la cabeza (NO, NO EXAGERO, ABSOLUTAMENTE VERÍDICO) y ocho puntos de sutura.
El caso es que, pese a padecer el lógico estrés postraumático, el sempiterno estrés tesinero (para mí ya es casi como una especie de fibromialgia) y las molestias postoperatorias, el cambio de gobierno no me ha dejado indiferente. Me ha preocupado mucho, muchísimo. Me ha alarmado extraordinariamente coincidir completamente con el inefable pescador de ríos revueltos, Pedro J., sobre la obscenidad zapateril del nombramiento de Ángeles González-Sinde como ministra de Cultura. ¿Qué opináis? Ver para creer.
Sinceramente César Antonio Molina no me despertaba tanto entusiasmo como a Pedro J. Me llama poderosamente la atención que Pedro J. desperdicie la ocasión para hacer un chascarrillo sobre Manolo Chaves, pero no tanto que se olvide de mencionar a Elena Salgado. Desde luego, la designación de esta última como ministra de Economía es lo único que no me hace abandonar toda esperanza.
“Sólo una persona inepta rinde siempre al máximo de sus posibilidades“. William Somerset Maugham
Slumdog… millonaire?
Perro callejero millonario, esa es la traducción al español de Slumdog millonaire. Una película que “esencialmente conmueve, entretiene y deja una sonrisa al final”. Pero ¿por qué eso la devalúa de cara a los sesudos críticos?
No era mi preferida entre las cinco candidatas a mejor película. Como siempre, mis gustos van por otros derroteros que los transitados por los miembros de la Academia americana. Yo le habría dado el galardón como mejor película a the Reader; y a Gus Van Sant, la mejor dirección por Mi nombre es Harvey Milk. Respecto a El curioso caso de Benjamin Button, qué queréis que os diga –salvo la historia, original del gran F. Scott Fitzgerald- demasiado hollywoodiense para mi gusto. Eso sí, totalmente de acuerdo con el oscar a mejores efectos especiales.
Sin embargo, aún no salgo de mi asombro por las críticas malevolentes hacia la película de Danny Boyle que he escuchado esta mañana en la radio, concretamente mientras me cepillaba los dientes. ¿Pasteloso, inverosímil, ritmo inadecuado, planos cortos…? No voy a discutir los aspectos técnicos, sería una temeridad por mi parte. Pero las críticas que tienen que ver con la historia y el enfoque de la película me parecen muy injustas. El trasfondo de la película, lejos de rosa, me parece negro, muy negro. Es un relato, al mejor estilo dickensiano, de la infancia en Bombay. Conflictos entre musulmanes e hindúes, la vida en vertederos sin horizontes, las mafias de explotación sexual y económica infantil..etc, demasiado dolor, demasiada realidad para resultar verosímil. En definitiva, asistimos a la animalización del ser humano por el medio.
Sin embargo, esas imágenes tan devastadoramente reales en los suburbios, captadas por las tan criticadas pequeñas cámaras digitales, no se han puesto al servicio de lo fácil. El determinismo no se apodera de la historia, ni tan siquiera de la vida. Siempre hay una opción. El concurso ¿Quién quiere ser millonario? es sólo un original hilo del que tirar de la madeja para desentrañar una historia de sufrimiento y de esperanza. De hecho, para quienes hemos visto la película, el protagonista, Jamal Malik, ya es un triunfador antes de responder a la última pregunta. Si se convierte o no en millonario tan sólo es una anécdota, es irrelevante.
¿Inverosímil cuento de hadas? La noche pasada hemos asistido a la constatación de que los sueños también pueden ser reales. Si no, que se lo digan a la hija de una peluquera de Alcobendas de ¿discutible talento?
“Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción“. Samuel Johnson
Página 2
Casi una semana después, aún colea en los medios la intervención del telegénico Presidente en “Tengo una pregunta para usted”. El órdago de la joven con Síndrome de Down al presidente se habría convertido en el minuto más visto de todo el 2009. ¡¡¡Vaya récord tan meritorio!!! En fin..titulares . Debo confesar que no lo vi (obviamente no me estoy refiriendo a la repetición de la jugada del día siguiente). En mi caso, la tan traída y llevada telegenia de Zapatero no consiguió arrastrarme. Me decanté por el pelirrojo Horatio. Y eso que su rival no era Grissom, sin parangón entre los CSIs. Qué cosas, al parecer, coincidí con las inclinaciones televisivas de vascos y catalanes, o mejor dicho, de los televidentes del País Vasco y Cataluña.
Últimamente tengo pocos momentos de asueto y pese a que prácticamente no salgo de mis cuatro paredes favoritas, no veo la televisión. La caja tonta siempre ha sido una manera de desconectar tan fácil como simple….No lo niego. Pero, en mi opinión, los destinos ofertados para evadirse de la realidad dan ganas de salir corriendo, en dirección contraria y no parar. Alguna tarde, no muy inspirada, he visto cosas, como dijo aquel famoso replicante en Blade Runner, “que vosotros no creeríais”. Y, teniendo en cuenta el panorama, no estoy muy segura de si realmente hubiera preferido ver “atacar naves en llamas más allá de Orión”.
Pero, bueno, no todo está perdido. Por casualidad, el domingo pasado descubrí un programa que me gustaría recomendaros, Página 2. Se emite en la 2 todos los domingos a las 20.30 h. Es un programa entretenido para los amantes de los libros, ya sea como forma de ocio o incluso, me atrevería a decir, de vida. Creadores, criaturas y usufructuarios constituyen los protagonistas de este espacio transversal. Y aunque mi novio diga que es para “intelectualetas gafapastas”, no estoy de acuerdo. Se trata de un programa ameno que no cae en la pedantería. Así que si a esas horas estáis delante de la tele…
“Los replicantes son como cualquier otra máquina: pueden ser un beneficio o un peligro. Si son un beneficio, no es un asunto mío“. Rick Deckard en Blade Runner
Ps. Merece la pena leerse la novela en la que se basa la peli, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick.
El Gatopardo cumple cincuenta años
Últimamente no suelo prestar mucha atención a la rabiosa actualidad. Pero hoy aprovechando el descanso dominical, mientras embebía un libro sobre los principales genios del Renacimiento italiano, dejé por un instante de contemplar El amor Sacro y Profano de Tiziano para concentrarme en una noticia del telegiornale (telediario) de la RAI que se escuchaba de fondo: se cumplían cincuenta años de la publicación de la espléndida novela de Giuseppe Tomasi Lampedusa. El Gatopardo cumple medio siglo.
Recuerdo haber visto la película en varias sesiones de una clase de pensamiento político, claro está, del XIX. Aunque en la Universidad iba a aquellas sesiones cinematográficas un poco por rellenar el expediente, en aquella ocasión no me arrepentí. La representación tan sugerente de esos dos mundos paradójicos e inalienables, más allá de la ideología, que encarnaban el jovencísimo Alain Delon (Tancredi Falconieri) y el bigotudo anciano Burt Lancaster ( el príncipe don Fabrizio Salina) en la Italia del trasformismo me hicieron pensar. Fueron un tiempo y una sociedad complejos, vibrantes, llenos de matices, en definitiva de contradicciones, que constituyen una referencia a la hora de entender el liberalismo oligárquico en el XIX, que se mantuvo hasta el siglo XX en la Europa del Sur.
El caso es que me sentía casi en la “obligación” de escribir sobre la Victoria estelar de Obama, digna con toda su parafernalia, de uno de los mejores estrenos cinematográficos de la temporada. Y fiel a mi estilo de perderme por los cerros de Úbeda, antes de cruzar el charco me apetecía pasearme por Palermo. Qué queréis que os diga, a mí Obama no me despierta pasiones. Ni siquiera desde la época en que la chica Obama (aquélla de la camiseta ajustada que se contoneaba a ritmo de Hip Hop) le dio su primer impulso mediático en el Youtube. Tampoco con sus discursos salvíficos ya como presidente del coloso americano. Me suena a anuncio. Desde luego, hay que reconocer que ya ha hecho bastante por la imagen en el exterior de su país (aunque no parece algo muy difícil, Bush había puesto el umbral muy, pero que muy bajo). Sin duda es un hombre con suerte, atractivo y capaz de vender un proyecto ilusionante. El temor de la familia Kennedy a que se consolidara otra saga familiar, los Clinton, con el mismo ascendiente sobre el partido demócrata, le ha ayudado mucho. No obstante, como político profesional (que conviene recordar que lo es) a Obama no se le pueden poner pegas. Veremos como gobernante. Casos como los del propio JFK o Carter podrían ser precedentes en cuanto a la montaña rusa que forman expectativa y decepción.
Sólo cabría esperar que Obama no pasase a la historia exclusivamente por ser el primer presidente negro de los EEUU (después de que Powell o Rice hayan desempeñado puestos muy importantes en el segundo escalafón de la cadena de mando, tamaña hazaña racial se antojaría de menor relevancia). En fin, que no puedo dejar de preguntarme si Obama sólo esconde en la manga el as del gatopardismo: “¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”. “…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está” (El Gatopardo).
Perdonadme la frivolidad pero aunque corran malos tiempos para un Woody Allen, en clara decadencia creativa, me inspira más que Obama.
”Hay momentos en que la audacia es prudencia” Clarence S. Darrow