Las enseñanzas del zorro
El sábado pasado fui a hacer la compra semanal a la gran superficie de costumbre. Casi siempre sigo el mismo ritual, utilizo la misma entrada y me entretengo unos minutos echando un vistazo a la sección de libros, por la que forzosamente he de pasar. Casi nunca compro. Pero pasar las hojas de libros escogidos casi al azar, leyendo apresuradamente algunos pasajes, me relaja bastante. Mientras, mi novio hace lo propio en la sección de informática, justo al otro lado del pasillo. Al cabo de un rato, pequeño o grande dependiendo del día, uno de los dos se dirige al otro que continúa absorto en la contemplación, ya sea de la sinopsis de un libro o de las características de un artilugio electrónico. Entonces le recuerda la razón por la que estamos allí.
El caso es que el sábado no pude resistirme a comprar un ejemplar de El Principito. Fue un reencuentro con la infancia consciente. No sé dónde tengo aquel libro que me regaló mi madre, pero lo cierto es que, comprándolo de nuevo, pretendía algo más. No se trataba de las acuarelas originales de Antoine de Saint-Exupéry. Quise comprar la dulce y melancólica sensación de paraíso perdido que experimenté al reparar en él sobre las estanterías. Yo, como el principito, una vez soñé con tener mi propio asteroide B 612.
Uno de los pasajes más bellos es el de las enseñanzas del zorro…
“Lo que sorprende, sorprende una vez, pero lo que es admirable lo es más cuanto más se admira“. Joseph Joubert
Chica donde te metes que no nos deleitas con tus entradas.Un saludo.
febrero 21st, 2009 at 16:19Un poco de paciencia…Que la vida de la historiadora histérica es muy dura jeje
febrero 21st, 2009 at 17:50Gracias por el interés
Salu2