Los angelitos de Bouguereau
Mucho antes de iniciar travesía por el Tevere y correrías por el Trastevere, ya había visto la imagen de esos dos angelitos besándose tiernamente. Estaban en mi casa, en Sevilla. Dos bebés con alas entrelazados sobre nubes de algodón, que me venían recurrentemente a la cabeza -no sé el porqué- en momentos de somnolencia. Sinceramente, jamás les presté mucha atención. El academicismo pictórico nunca fue santo de mi devoción, menos aún el de pincel francés. Un conflicto estético probablemente heredado de mi abuelo Antonio, que llamaba jocosamente “su primo” al joven inglés del gran cuadro del salón de estilo neoclásico, que perdía su mirada sobre nuestras cabezas mientras nos sentábamos en el sofá. Un sofá enorme de terciopelo verde, del mismo color que sus enigmáticos ojos gatunos. Qué decepción sentí el día que supe que realmente el niño inglés no era de mi familia….
Desde que abandoné el nido materno la armonía y perfección del neoclasicismo más repipi no sólo dejó de ser un elemento cotidiano para mí, me olvidé por completo de él. Sin embargo, casi sin darme cuenta, inconscientemente, estas últimas semanas he pensado mucho en esos ángeles rubicundos de mi casa besándose delicada y castamente. Pero a santo de qué…Ni siquiera recordaba el título del cuadro, qué decir de su autor. Hace poco en la Galería Borghese, al pasar por la tienda, descubrí por qué había regresado ese pequeño y delicioso recuerdo de un pasado ya remoto. Allí estaban, en postales, en tazas y hasta en orfebrería. Un flashback me trasladó de inmediato a la Galería Uffizi en Florencia. ¡También estaban allí! Incluso habían sido serigrafiados en paraguas. ¡Lo recordaba! La misma imagen en los Museos Vaticanos, en los Museos Capitolinos… ¿Cómo era posible que no recordase haber estado delante de ellos? Sólo tenía consciencia de haber visto otros ángeles igual de célebres, eso sí, más feos pero con más sustancia, esta vez pintados por Rafael Sanzio. Giré buscando respuestas inmediatas la postal expuesta y en el reverso constaba lo siguiente: “Il Primo Bacio” (El primer beso) 1890, William Adolphe Bouguereau, colección privada. Pregunté acto seguido en la tienda sobre esa reproducción y no supieron precisarme dónde se hallaba la colección, ni siquiera que se encontrase en Italia. Tan sólo me afirmaron que no estaba abierta al público. ¿Por qué es imagen de merchandising en las tiendas de museos y galerías de Roma, si el pintor es francés y el cuadro no está en ninguna de esas colecciones? Un interrogante que formulé en voz alta ante unos conservadores de la galería. Éstos se sonrieron e hicieron mutis.
Mientras paseaba pensativa por la impresionante Villa Borghese, decidí agotar todos los cartuchos a mi disposición en ese momento. Llamé a mi madre. No podía esperar a saber. Me contó que la reproducción sita en casa, era un regalo que le hizo una amiga después de un viaje a Italia. Y que más allá de que le gustaba mucho, poco podía aclararme para resolver el misterio. En cuanto llegué a Monteverde hice una búsqueda en internet. Sólo descubrí que “El primer beso”, en realidad se llamaba “Cupido y Psique niños”, que Bouguereau, un tanto extemporáneo teniendo en cuenta que fue coetáneo de los impresionistas, ganó varios certámenes de pintura en Roma, donde residió y estudió a su ídolo, Rafael. Quizás esta sea la conexión. No lo sé. Ignoro casi todo sobre este pintor y su obra, quizás alguno pueda decirme qué se esconde detrás de esta imagen reducida al souvenir. Me pregunto si los miles, centenares de miles, incluso millones de turistas que la han comprado y la seguirán comprando lo saben. Probablemente la inmensa mayoría no.
”Toda pintura es un hecho: las pinturas están cargadas con su propia presencia“. Andy Warhol
Ya echaba de menos tus entradas, saludos
octubre 24th, 2008 at 19:36En el arte como en todas las cosas de esta vida nos venden lo que sea con tal de dar beneficios,y como la mayoria de las personas de a pie las ocupaciones diarias son grande la reflexion es poca, de alguna manera todos nos hemos dejado llevar por el marketing que interesa algunos en algun momento de nuestras vida. Si fueramos menos borregos mas nos valdrian nuestras decisiones.
octubre 26th, 2008 at 13:19Saludos,
Gracias amigas! Probablemente debe de haber una razón para los angelitos de Bouguereau, más allá de la evidente iconográfica. Por ejemplo, basta mirar el cielo en algunas de las iglesias más famosas de Roma. Sin embargo, no deja de pasmarme ver a personas que compran el obligado souvenir sin ni siquiera planteárselo. Me apuesto a que algunos piensan que los han visto durante su visita a algunos de estos museos.
octubre 27th, 2008 at 17:36Salu2!