WHO IS THAT MAN?
Recuerdo la visión nada más aterrizar en el aeropuerto de Túnez-Carthago, una fotografía descomunal, noblemente enmarcada, nos daba la bienvenida en la antesala del control de pasaportes. En un principio pensábamos que se trataba de Hamid Bourghiba, hacedor de la independencia, una explicación que desde nuestros exiguos conocimientos podía explicar un aparente culto personal. Pronto abandonamos esa idea. Ese rostro inexpresivo, retocado por Photoshop, con un amago de sonrisa que daba grima, no dejó de seguirnos con su fría mirada. Banderas y guirnaldas con su efigie nos acogieron en Port-el-Kantaoui, en la mejor estela del kistch que podríamos encontrar en un Puerto Banús. De nuevo, la fotografía oficial de Túnez nos daba la bienvenida en la recepción de aquel Meliá.
Habíamos escogido nuestro destino al azar, con gran improvisación, deseábamos desconectar: habíamos leído la tesina apenas unos días antes. Desde luego era un destino tan asequible como atractivo. Nos ofrecía sol y playa, una mirada a la historia y la cultura del Mediterráneo, a través de imponentes vestigios romanos, y una maravillosa puesta de sol en el desierto. Sin embargo, en apenas 60 minutos de estancia, la idea de que estábamos en una dictadura como la copa de un pino comenzó a destacarse entre nuestras impresiones. Aquel omnipresente e omnipotente no podía ser Burghiba ¿quién era? Lo primero que hicimos nada más llegar a nuestro hotel fue preguntar al encargado del chek-in: WHO IS THAT MAN? Ante la falta de respuesta, volvimos a la carga chapurreando nuestro francés: Qui-est cet homme?
Era BEN ALÍ, quien detentaba el poder desde los años ochenta, y un compañero más de viaje. Un personaje que se nos volvía cada vez más antipático al calor de las actitudes que pudimos observar aquellos días, actitudes que parecían pasar absolutamente desapercibidas para el resto: Túnez Paraíso del Turismo barato y de masas.
“Siempre se dice aquello que uno necesita decir, y que no entenderá el otro; el hablar es cosa destinada a uno mismo” Marcel Proust