THE WIRE EN EL IMPASSE
Ahora sí, ya se puede decir que el Verano, tomando la parte de las Vacaciones por el todo de la estación, ha acabado oficialmente. Si bien, para mí terminó mucho antes. Quizás ni siquiera tuve Verano. El tiempo es algo tan relativo. La sensación es muy distinta cuando no abandonas el calor de la gran ciudad, o lo que es más significativo, no pierdes de vista una mesa, donde los papeles apilados rozan el techo, el ordenador con el Word abierto e infinitas pequeñas y grandes tareas por concluir…Confieso que, por un par de semanas, sólo he mirado de reojo inevitablemente al pasar por el pasillo, experimentando algo parecido a los remordimientos del estudiante que sabe que deja correr un tiempo, que le hará falta más adelante. Esos han sido los días de mi particular impasse estival. Unos días en los que no me he ido, pero sí evadido. La intrincada Triología de Nueva York de Paul Auster, el misterio de La Piedra Lunar de Wilkie Collins, las desventuras de La Hija del Capitán de Alexander Pushkin y la concienzuda Montaña Mágica (ahí es nada) de Thomas Mann me han acompañado. Algo de Arsénico por Compasión y de Gran Ilusión rememorando algunos de mis clásicos del cine preferido, aderezados de las televisivas Hermanos de Sangre y The Wire. Por supuesto de la HBO. Precisamente sobre la última me gustaría escribir unas líneas.
Son ya muchos los devotos de esta serie, en mi opinión, de las pocas que verdaderamente merecen culto (una palabra de la que se abusa por la autoproclamada intelligentsia de nuestros días).
Se trata de una serie ambientada en Baltimore y que recrea todas las facetas de aquello que el establishment de cualquier ciudad se afana por esconder debajo de la alfombra: el tráfico de drogas, el crimen organizado, la corrupción política, judicial y policial, la pasividad ciudadana se nos muestran sin ningún pudor al alimón. Las escuchas se encargan de sacarlas a la luz y sus ramificaciones llegan hasta los símbolos visibles del poder del Estado de Maryland, en la capitolina Annapolis. Escrita por el periodista y escritor de novela policiaca David Simon. The Wire consta de 60 episodios a lo largo de 5 temporadas entre 2002 y 2008. Cada temporada se centra en una de las perlas que adornan el conjunto de Baltimore: el narcotráfico a gran escala y el menudeo en las calles; la vida portuaria y el contrabando como supervivencia; las corruptelas en los que ejercen liderazgo social, véase los políticos y los medios de comunicación. Realismo en estado puro, crudeza en estado puro a la que cuesta acostumbrarnos como espectadores; y un guión redondo que, al principio nos deja K.O. y más tarde nos engancha; varias líneas argumentales que, sin artificios, se cierran o reabren en cada temporada, son algunas de las características de una incesante lucha entre polis y maleantes. Dos categorías que luchan porque así lo estipulan las reglas del juego que conocen todos los jugadores. Pero los villanos están en ambos equipos y los héroes no existen. Al fin y al cabo, sólo vemos seres humanos que sitúan en función de las oportunidades que les han brindado sus circunstancias, debilidades y fortalezas. Pero lo que está podrido no es la manzana sino el cesto.
Con unos índices de audiencia más que discretos en su momento, como todo lo bueno, The Wire es un valor en alza con el transcurso del tiempo. De hecho, hace unas semanas leíamos lo siguiente en El Mundo digital: “The Wire’, según la literatura”. Se publicitaba un libro que pretendía analizar el fenómeno creciente de los yonquis que, como el confidente Bubbles en Las Torres, dominio del capo Avon Barksdale, nos chutamos varios capítulos seguidos para calmar el mono. Pero lamentablemente, después de esa Gran Evasión o Gran Ilusión, por volver a la Primera Guerra Mundial, en adelante tendré que dosificar cada vez más mis visitas a Baltimore.
Se acabó el Verano y lo despedimos con una canción triste, con matices de nostalgia como los de Hill Street Blues.
“En las discusiones prolongadas se pierde la verdad” Lucio Anneo Séneca (4 a.C.-65 d.C.)
RETALES: LA REACCIÓN
Otro retal…
La intensidad del movimiento revolucionario da la medida de la respuesta, desde el punto de vista de lo que se puede considerar Reacción a las ideas de la Ilustración. Se matiza la idea de progreso y, por tanto, de la marcha lineal de la historia. Se combate la fe ciega en las capacidades del hombre, quien manifiesta tendencia al error, es falible y existen retrocesos históricos.
El conservadurismo no puede identificarse con una teoría política, como tampoco con un programa político concreto que defina a todos los grupos conservadores. El conservadurismo es una actitud, o un conjunto de ellas, y sólo puede explicarse históricamente. La palabra que expresa una actitud comenzó a usarse a principios del siglo XIX, para englobar una idea naciente que se opone a la Revolución.
Frente a la idea de progreso se opone la de tradición, la experiencia se hace valer frente a la razón. El valor de la tradición aglutinador y componente social. Una sociedad no puede construirse desde un contrato de voluntades ex-novo, éste supone una ruptura del hombre con la propia naturaleza del hombre. Frente al individuo se superpone el colectivo.
Se puede ser conservador y reformista, aunque sólo en aquellas sociedades que han habilitado mecanismos de cambio gradual como Gran Bretaña en el siglo XIX.
“Quien da primero, da dos veces” Lucio Anneo Séneca (4 a.C.-65 d.C.) Eso dicen…
RETALES: Cine con Historia
Aquí va una selección filmográfica, para aquellos que prefiráis aprender historia contemporánea y disfrutar del séptimo arte…
Los orígenes del mundo contemporáneo
La Revolución industrial :
!Qué verde era mi valle! (John Ford, 1941)
Lejos del mundanal ruido (John Schesinger, 1967)
La tierra de la gran promesa (Andrzej Wajda, 1974)
Daens (Stijn Coninx, 1992)
Germinal (Claude Berri, 1993)
Revolución e Independencia de EE.UU.:
América (David Wark Griffith, 1924)
Corazones indomables (John Ford, 1939)
Los inconquistables ( Hugh Hudson, 1947)
Revolución (Hugh Hudson, 1985)
El último mohicano (Michael Mann, 1992)
La Revolución francesa:
Historia de dos ciudades (Jack Conway, 1935)
La Marsellesa (Jean Renoir, 1937)
El reinado del Terror (Anthony Mann, 1949)
1789 (Ariane Mnouchkine, 1974)
La noche de Varennes (Ettore Scola, 1981)
Danton (Andrzej Wajda, 1982)
“No hay nada cierto, salvo la muerte y los impuestos” Benjamin Franklin (1706-1790)
Ahmadineyad quiere la luna
El presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, dijo que el pulpo Paul era un símbolo de la decadencia del mundo occidental. Le dedicó al cefalópodo incluso una parte del discurso pronunciado en Teherán hace un mes. Para Ahmadinejad el pulpo manifestaba el patetismo de “sus enemigos”, acusándolo de la ”propaganda occidental y la superstición”.
Leer más: http://eju.tv/2010/07/ahmadinejad-acusa-al-pulpo-paul-de-propaganda-occidental/#ixzz0x
Sin duda pocas voces han sonado tan fuerte como la del Presidente de Irán para denunciar las “supersticiones occidentales”, elevadas a la quintaesencia por el enemigo yankee. Ahora Ahmadineyah, tras poner en duda la llegada del americano a la luna, quiere hacer historia…
Irán ha anunciado el lanzamiento de un satélite de fabricación propia, que lleva el nombre de “Omid” (esperanza). Se ha hecho coincidir el suceso con el aniversario del nacimiento del duodécimo imán chií. Se subraya que las imágenes de la televisión iraní muestran el cohete en posición vertical, pero no retransmiten el lanzamiento. A la espera del alunizaje iraní, con la ayuda de Rusia se pone en marcha la primera central nuclear en Bushehr, a orillas del golfo pérsico. Lleva 20 años de retraso, así que no podemos precisar la efeméride ….
“No sé como será la tercera Guerra Mundial, sólo sé que la cuerta será con piedras y lanzas” Albert Einstein (1879-1955)
RETALES: La Contemporaneidad
Retales de la historia….
A petición de nuestros amigos y fieles seguidores, inauguramos una nueva sección. Gracias por vuestro apoyo en esta aventura, un tanto como el Guadiana…A veces no se nos ve, pero seguimos estando aquí, histéricos e históricos además de heterodoxos.
Comencemos por nuestro primer retal.
Podéis preguntaros porqué una historia del mundo contemporáneo ha de comenzar con la Europa del siglo XVIII. Por qué el siglo XVIII todavía no era contemporáneo. Desde luego, el eurocentrismo es uno de los rasgos de esta historia del mundo contemporáneo. Europa no es nada más que una pequeña parte del mundo. Si bien, a medida que se modernizaban algunas de las regiones europeas (como sabéis nunca fue un proceso homogéneo ni global, ni siquiera a nivel continental) creaban la más poderosa combinación de estructuras política, económica, tecnológica y científica. ¿Debemos sentirnos culpables por ello?
La civilización europea siempre había mostrado una tendencia a la expansión. De hecho su penetración en América, Asia y África fue uno de los acontecimientos que jalonó el tránsito al mundo moderno. Significó el impulso al Capitalismo, pero también tuvo un impacto claro desde el punto de vista ideológico y espiritual. Entonces, en lugar de civilización europea podríamos hablar de civilización occidental.
Este último proceso se hace más visible en el último tercio del siglo XIX. Fue durante el segundo proceso de transformación económica, con las fómulas del capitalismo financiero, cuando llegan a su plenitud el colonialismo y el imperialismo occidental, tándem de dominio político y explotación económica. Son grandes potencias industriales las que realizan los repartos y redistribuciones territoriales. La idea de progreso pareció definir las relaciones entre lo europeo y lo extraeuropeo. ¿En qué consisten la idea de progreso?
El progreso es un concepto de vital importancia para el pensamiento político y cultural de la Ilustración que viene a sintetizar los anteriores. Para los teóricos del siglo XVIII (llamados philosophés), la sociedad debe ser transformada de acuerdo con los principios universales de la razón y, por tanto, puede ser mejorada indefinidamente. Su fin es que los hombres gocen de una felicidad general. La idea de progreso indefinido de la humanidad, referente básico de las revoluciones modernas y de las ideologías denominadas progresistas, refleja un rasgo básico del pensamiento de la Ilustración: el optimismo en la capacidad del hombre para sentar las bases de una nueva sociedad más feliz.
En el ámbito de la teoría política, el hombre es concebido como sujeto de derechos naturales, inherentes a la condición humana . Esos derechos deben ser visibles y, por tanto, ejercitables en la vida terrena y no en el plano espiritual. Nos referimos a la libertad, la igualdad y la propiedad. Asi pues, el ejercicio de esos derechos se configura como el principal objetivo de la organización social y política, que debe fundamentarse en la razón, única fuente de legimitidad del poder, frente a la fundamentación religiosa propia del Antiguo Régimen.
A lo largo de la Ilustración se elaboraron diversas fórmulas político-sociales, desde el racionalismo elitista de Montesquieu hasta la utopía igualitaria de Rousseau.
¿Qué vigencia tiene la idea de progreso?
“No sé si Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios“ Feodor Dostoievski (1821-1881)
LECTURAS DE VERANO: ELEMENTAL QUERIDO COLLINS (Segunda Parte)
Continuamos con el serial donde lo dejamos.
Creo que he descubierto a Wilkie Collins tarde, muy tarde. De hecho, la sensación, después de haber leído la Piedra Lunar, es la misma que sentí tras leer por primera vez a Jane Austen. Hace cinco años, estando en una librería de viejo de Londres, cerca de Russell Square, compré una maravillosa edición facsímil de Orgullo y Prejuicio de 1817. A diferencia de lo que me ha ocurrido con Collins, por supuesto sabía entonces quién era Austen y su aportación a la literatura en general y en particular de mujeres. Tras leer Orgullo y Prejuicio, devoré sus obrar completas (cinco novelas más). En otra ocasión, quizás escriba sobre Jane Austen y sus heroínas de lo cotidiano.
Pero si hablo aquí de ella es porque, al igual que con Collins, lamento no haberla leído antes. Tardías pero bien halladas, son lecturas dirigidas a todos los públicos. Forman parte -por diferentes valores- de la literatura universal con letras mayúsculas. Pero, aún así, tengo la sensación de echarlas de menos en mis títulos de referencia juveniles.
Dicen que Wilki Collins, como coetáneo de Dickens, se vio eclipsado por él. Pese a ello, fueron amigos y colaboraron juntos en la producción de un par de obras teatrales. Desde luego, conozco de primera mano la mayor parte de la obra de Dickens. He leído tantas veces Tiempos Difíciles (Hard times for theses times)…Sin emabrgo, me produce sonrojo confesar que acabo de enterarme de que Wilkie Collins existió y que fue pionero, adelantando muchas de las claves de la novela de detectives.
Desde luego, como decía el sabio, vale más saber alguna cosa de todo, que saberlo todo de una sola cosa. La mentablemente ni siquiera puedo presumir de lo segundo… Collins publicaría en 1867 una de sus obras más emblemáticas, la Piedra Lunar. Una historia que no precisa para atraparnos del tirón sensacionalista de un terrible asesinato, o del efectismo de una cadena de ellos. La maestría de Collins logra mantenernos en vilo a lo largo de casi 700 páginas. Indagamos impacientemente en el robo en una mansión de Yorkshire de un diamante sagrado, procedente de la India. Un misterio rodeado de una galería riquísima de personajes, que incluye una sociedad secreta de brahmanes hindúes, una aristocrática familia cuyos miembros son capaces de lo mejor y de lo peor, un mayordomo entrañable que busca las respuestas en el Robinson Crusoe de Defoe, un policía astuto y amante de las rosas, una sirvienta deforme salida de un reformatorio para mujeres, un dandy acosado por las deudas, dos jóvenes enamorados, un prestamista sin escrúpulos y una fanática cuáquera, nos desvelan las claves del mismo. La narración, a lo largo de una larga investigación con giros, cada cual, más inesperado, va alternando los puntos de vista de todos aquellos que se ven incolucrados en el asunto del hurto de “la piedra lunar”.
La Piedra Lunar aparecería por entregas en la revista semanal, fundada por Dickens, All the year around. Este era el procedimiento de publicación más característico de Dickens y del resto de autores victorianos. Profesionales de éxito, que saboreaban las mieles del triunfo económico y social gracias a su talento. Un talento al que una sociedad con unos índices de alfabetización muy elevados, le concedía el favor de una opinión cada vez más pública. Todo se compraba y vendía, asistimos a la mercantilización del arte por antonomasia. Son los años del triunfo del capitalismo financiero, de la burguesía sin complejos y de una clase trabajadora que comienza paulatinamente a ganar poder adquisitivo, apuntando a una primigenia y precaria sociedad de consumo en masa. Ellos serán las huestes futuras de una clase media en los años del cambio del siglo. Collins, como Dickens o Kipling, se benefició de un mercado en alza no sólo en Gran Bretaña, sino allende el oceáno, en Estados Unidos.
No sólo merece la pena leer a William, Wilkie, Collins por su contribución a la novela de intriga en obras como La mujer de blanco, Las hojas caídas, La túnica negra o La Piedra Lunar. Es una de las grandes voces de la época victoriana, que a través de un argumento entretenido que nos engancha, nos da a conocer las características de una sociedad a través de los defectos de quienes ocupan el escalafón más alto de la misma. Un grupo social decadente, que deberá encontrar su lugar en un mundo en continuo cambio.
Vaya aquí el personal e innecesario tributo de un ignorante…¡Elemental, querido Collins!
“Por bien que se hable, cuando se habla demasiado, se acaba siempre diciendo tonterías” Alejandro Dumas (1802-1870)
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CULEBRONES DE VERANO
Faltan todavía unos días para que lo que entendemos por Verano concluya, pero a mí me gusta ir por delante. ¡Que me perdonen los que acaban de iniciar sus vacaciones! Sirva lo escrito de balance sobre lo que nos ha deparado mediáticamente.
Estar en los medios o existir, ésa es la cuestión. Una cuestión muy peliaguda, sobre todo en verano. La prensa convierte en noticia, estirándola hasta el paroxismo, lo que se le ponga a tiro. Su relevancia o no, carece de relevancia como nunca. Se trata de rellenar y enganchar a un personal que pretende desconectar, incluyéndose dentro de ese personal, hay que decir a quienes marcan la agenda de la actualidad en sus más variopintas vertientes. Carne de cañón para los culebrones del verano. Es frecuente que los culebrones ”desenrollen” el fichaje de un deportista, más bien de un futbolista (aquí podemos tranquilamente tomar la parte por el todo, sin faltar a la realidad), o se enrollen con la crónica de sucesos, de la más negra o escatológica a la más rosa y soporífera, o se reproduzcan con alguna polémica política en su versión más chusca.
Desde luego, este año hemos tenido un filón hiperbólico con el mundial de fútbol. Todos hemos disfrutado de la NOTICIA CON MAYÚSCULAS. La gesta del 11 de julio merecía ser alargada para deleite de todos, o casi todos (hay gente pa tó).
España ganaba el mundial y el beso de Sara e Iker, a la par que acompañaba, rivalizaba con la imagen de la copa áurea. Corazón y deportes unidos, el éxito de masas asegurado y un recurso fácil. Si a ello, le añadimos el pulpo Paul en calidad de oráculo nacional ¿se puede pedir algo más? Hasta entonces, el único adjetivo que me merecía un pulpo era el de ”rico” “rico” a lo Arguiñaño. Luego han aparecido muchos más epítetos. Nunca un pulpo fue tan buena gente, ni hubiera sido más aceptado como animal de compañía. Recuerdo a una de estas reporteras de calle monísimas, preguntando a un diputado del PP por las habilidades adivinatorias del cefalópodo. La respuesta del diputado fue que, tras más de 2000 años de cristianismo, le parecía ridículo responder a la pregunta. A lo mejor no se concentraba ante un generoso escote, quién sabe. En cualquier caso, se negaba a dar pábulo al nuevo ternero de oro de la civilización ROJA. ¿Asistimos al alumbramiento de una nueva religión pagana? Por lo visto, señor diputado, últimamente los españoles preferimos la evasión que la salvación. Lo primero parece más divertido que lo segundo.
Siguiendo con la actualidad veraniega, qué podemos decir del revuelo que se ha montado con la gira española (andaluza-mallorquina??) de las Obamas, o las “Mojamas” como decía la bailaora del Sacromonte. Todo un espectáculo, sí señor. España abandona la presidencia de la Unión Europea y la coyuntura planetaria, anunciada por la alucinada y alucinante Pajín, podría resumirse en las Mojamas Holidays.
Bueno, y para terminar con el vodevil político, un clásico: las ideas de ZP. ¡¡¡Bravo por el Presidente!!! Se nota que no descansa ni en verano. Podemos estar tranquilos. Veremos cuáles son las consecuencias en otoño. La obsesión por las encuestas, ha llevado al Maquiavelo de León a poner blanco sobre negro la casa del despropósito que es la Federación Madrileña. La dirección cierra filas ante un más que flojito Tomás Gómez y la Trini se echa al ruedo.
¡Apasionante! Por si acaso nos aburrimos, siempre nos quedarán los socialistas madrileños. Qué duro ser de izquierdas en Madrid. Por lo menos, ayer vio la luz el sondeo de marras, el tesooooorooooooooo de Gollum-ZP: un 43,6% de los madrileños cree que Trinidad Jiménez sería una buena presidenta para Madrid frente al 28,1% que cree que lo sería Tomás Gómez. Además Javier Lissavetzki, nada menos y nada más que el Secretario de Estado de Deportes, candidato a la alcaldía la apoya. Por dios qué tirón, quién no hace caso al barbas que siempre aparece en la foto con Nadal, Contador, Gasol, Iker…. Esto promete en convertirse en culebrón de otoño.
¿Quién se acuerda de Corbacho y su reforma laboral? ¡Qué vivan el fútbol y las encuestas!
“Las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco” Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616)
09/07/09 México DF
10:00 Salimos hacia el Paseo de la Reforma, para caminar un poco por la parte más moderna del DF. Nos dirigimos hacia el museo de Historia, nos encontramos con modernas edificaciones.El Monumento a la Independencia me trae la imagen del de Berlín, de aquella columna dorada que vemos en la lejanía de la zona oriental, tras la puerta de Brandemburgo. Respiramos algo del ambiente de la parte financiera del DF.
12:00 Llegamos a la entrada del bosque de Chapultepec, un bonito parque donde está ubicado el museo de historia, antigua academia de cadetes donde destacó la gesta de los niños héroes . En este museo se describe, en la parte superior, parte de la historia de México a través de las habitaciones que ocuparon los distintos gobernantes que allí residieron. En la parte inferior, un recorrido cronológico por la historia de México, con exposición de diferentes objetos. Y en una de las salas, un espectacular mural sobre la revolución. Santi regresa con Lizet a casa, a su ojo se le suma la fiebre.
15:00 Blas, Giova y yo nos adelantamos al Museo de Antropología. Es uno de esos museos en los que sabes de antemano que vas a perderte muchas cosas, con lo que nos marcamos como objetivo ver la parte maya: la cultura que ha sido compañera en buena parte de nuestro viaje. El museo es espectacular, empezando por el recibimiento a la entrada del denominado paraguas, cuya estructura creo que es la más grande del mundo soportada por una sola columna. El recinto está muy bien organizado, y cuenta con reconstrucciones de templos y piezas representativas de los lugares que hemos visitado hasta ahora. Al contemplarlos en las salas del museo, vuelvo a sentir sobre mi piel la sensación de estar en plena selva: el calor y la humedad insoportable mientras viajamos en una embarcación para llegar a nuestro remoto destino. Volviendo sobre el museo, cada sala tiene su espacio exterior, donde se ubican otras reproducciones de edificios o hallazgos de gran tamaño.
Después de comer, más bien merendar, una crepa de cajeta con naranjada, y aprovechando que queda tiempo, nos vamos a la sala estrella del muse: la sala mexica o azteca. Ahí nos espera una de las piezas más conocidas y reproducidas de México, la piedra solar, erróneamente llamada calendario azteca. Y también, muestras del culto que esta civilización, como otras, profesaba a la muerte.
Un par de visitas rápidas a otras salas, la dedicada a Teotihuacan, los olmecas y la de Oaxaca, completan lo visto en las ruinas in situ durante nuestro viaje inolvidable.
21:00 Después de un paseo por las cercanías, llegamos al Mesón del Cid, restaurante español donde vamos a invitar a cenar a la familia Bedolla. La especialidad del lugar es lechón al estilo segoviano, con lo que es una de las peticiones. Sorprendentemente, realizan el ritual de partir el lechón con un plato de barro, para demostrar la ternura de la carne. Y para tratarse de un restaurante en México, cumple bastante bien con lo esperado, excepto por la sopa de ajo, que me gustaría saber de dónde han sacado la receta. La cena transcurre tranquilamente, y después de ella regresamos a casa, cansados de tanto caminar entre la HISTORIA.
CALÍGULA EN MÉRIDA
Hace unos días leía en la prensa cultural que Calígula ponía en pie a más de 2.000 personas en su estreno, el día 11 de agosto en el Festival de Teatro Clásico de Mérida. Sin duda, un plan más que recomendable para estos días de verano, un tanto aciagos para algunos. Tras la Lisístrata de Aristófanes dirigida por Jérôme Savary e interpretada por Paco León, se abría con la obra de Albert Camus el nuevo bloque del Festival bajo el título de “Otra Mirada” . Se trata de un espacio que permite actualizar las obras clásicas, los grandes leit-motivs de la Tragedia bajo la perspectiva del siglo XXI. Hoy es el último día en el que se podrá disfrutar de esta versión del escritor existencialista francés, dirigida por Santiago Sánchez. Aunque no hubiesen bajado las temperaturas, Calígula bien merece soportar la canícula en Mérida.
Este año además se cumple el cincuenta aniversario de la muerte prematura en accidente de tráfico de Albert Camus. Efeméride incluida, con una nueva y polémica biografía del escritor nacido en Argelia, hombre rebelde que moldeó como nadie el mito de Prometeo. Su Calígula emula a Prometeo, cuya egolatría le lleva a considerarse un dios entre los hombres bajo su yugo. El fundamento de su poder absoluto, cuya demostración palpable es la tiranía más cruel hacia aquellos que están a su merced, termina siendo el lecho de la insatisfacción e infelicidad del personaje. Nadie es libre, ni siquiera aquellos que poseen las riendas del poder más omnímodo. La servidumbre que pagan por él termina siendo insoportable. La locura en su ejercicio más bárbaro es la única escapatoria de un personaje acorralado.
Es la sexta vez que Calígula se representa en el Teatro Romano de Mérida. Sin duda, una obra emblemática, aunque no tanto como la Medea de Eurípides, en la piel de Margarita Xirgú, Nuria Espert o el año pasado de una Blanca Portillo, que no defraudó. Este año Sandro Cordero, de la compañía L’OM Imprebis, ha tenido la oportunidad de crear su propio Calígula. Un Calígula distinto, incluso en su aspecto físico, más orondo, frente a los que en su momento interpretaron el gran José María Rodero o el mejor Luis Merlo, bajo la dirección del maestro José Tamayo en 1995. Aún recuerdo la impresión que ese último Calígula dejó en mí. El pabellón está muy alto, muy alto pero la magia del Teatro Romano de Mérida…
“Poca gente es capaz de prever hacia donde les lleva el camino, hasta que llegan a su fin“ J.R.R. Tolkien (1892-1973)
LECTURAS DE VERANO: ELEMENTAL, QUERIDO COLLINS (Primera Parte)
Dicen que en las novelas de Conan Doyle jamás aparecen esas palabras, convertidas a posteriori en un icono en torno a las aventuras de Sherlock Holmes y su coinquilino y, sin embargo, fiel amigo Dr. Watson. En alguna ocasión, en relación a un hallazgo inesperado, Holmes se habría dirigido a Watson exclamando ¡Elemental! Otros afirman que realmente las palabras exactas fueron ¡No tan elemental! Pero nada más. Pese a ello, la expresión es todo un clásico para quienes hemos experimentado la “fiebre detectivesca”, aficionándonos a todas las manifestaciones del género: novelas, películas y series televisivas. Para mí, Sherlock Holmes es la imagen de Basil Rathbone en blanco y negro o la de Jeremy Brett en color. La niebla cerrada londinenese, el sonido del violín, el rostro impenetrable de Sherlock, la bonhomia de Watson y alguien que sube la escaleras del 221 b de Baker Street, Elemental, querido Watson.
Jeremy Brett The adventures of Sherlock Holmes
En mi infancia leí algunos de los episodios más célebres del detective más célebre. Me vienen a la memoria El Sabueso de los Baskerville o El Estudio en Escarlata. Pero no fui un lector juvenil entregado a Doyle, sí un seguidor rendido a su creación. Veía todas las películas sobre Sherlock Holmes (incluida La vida privada de Sherlock Homes de Billy Wilder, donde descubrí una visión diferente del personaje, que me sorprendió), cada semana esperaba impaciente los viernes noche una nueva entrega de sus aventuras en televisión.
Literariamente, siendo un pre-adolescente me aficioné al género gracias a Agatha Christie. Me fascinaban los casos, cuya resolución estaba en manos del estirado Hercules Poirot (en la piel de Sir Peter Ustinov, no lo parecía tanto) y de la encantadora e inofensiva Miss Marple. Especialmente apasionantes me parecían aquellos crímenes que entrañaban la modalidad del “misterio de la habitación cerrada”. Es decir, cuando el escenario del crimen conllevaba un número cerrado de sospechosos, componiendo desde el principio un auténtico rompecabezas de coartadas y motivaciones ocultas. Un rompecabezas que una mente analítica privilegiada, aplicando la lógica, conseguía desentrañar sin caer en la trampa engañosa de las apariencias. Lo que más me gustaba de ese planteamiento es que me permitía, como lector, hacer mis cábalas al albur de los descubrimientos del detective de turno. La resolución siempre era una cuestión de lógica, sujeta a los giros inesperados que la pericia del autor permitía encajar con verisimilitud. Desde luego, en esa gran escuela aprendí a que no me dieran gato por liebre. Me refiero no tanto a los criminales como a los malos escritores de novela negra. Al final, descubría por mis medios al asesino mucho antes de que lo hicieran sus mediocres detectives.
Algunos consideran éste un subgénero de la novela policiaca, y a él pertenecen mis lecturas preferidas dentro del género: Asesinato en el Orient Express, Diez negritos, Muerte sobre el Nilo o Muerte en Mesopotamia. Pero lo cierto es que no lo inventó Agatha Christie, dicha estructura narrativa la hallamos en Conan Doyle, por ejemplo, sin ir más lejos -interpretábdolo en un sentido amplio- en los dominios de los Barkerville. Edgar Allan Poe con su detective, C. Auguste Dupin, la inauguró en Los asesinatos de la Rue Morgue. Esa vez con un desenlace inesperado de factura no humana, que me deleitó en una lectura de verano antes de volver al colegio, con sus quehaceres más aburridos.
Con los años, mis gustos literarios y estéticos se han ido alejando de la novela negra, encerrada prácticamente en los recuerdos de mi adolescencia. Más tarde, hice puntuales concesiones a la novela negra americana desde Raymond Chandler a Sue Grafton o James Ellroy. Recientemente debo añadir una incursión al fenómeno de masas de Larsson, la triología Millenium. Una versión nórdica de un gran lector de los maestros estadounidenses, en mi opinión con influencias del Abecedario del crimen de Grafton. El “misterio de la habitación cerrada” cede terreno a las teorías de la conspiración (lógicamente para el asesinato…).
Pero fue a raíz de una recomendación del pedante bibliófilo Luis Alberto de Cuenca, en las ondas radiofónicas del ente público, cuando ha llegado a mis manos La Piedra Lunar (The Moonstone) de Wilkie Collins (1868). Bajo la sugerencia de una lectura entretenida y ligera, me he reencontrado con los orígenes del género. Por así decirlo, en palabras de T. S. Eliot, he vuelto a “la primera y más perfecta novela de detectives”. He disfrutado con avidez y emoción de las claves de nuevos y estimulantes enigmas, todos ellos en torno al misterio de la habitación cerrada, en su versión más british, mucho antes de que Holmes, Poirot y la Marple cobraran vida sobre el papel.
Al igual que en las novelas de Wilkie Collins (1824-1889) y sus coetáneos victorianos, entre los que se encontró Charles Dikens, por entregas concluimos este post. Inauguramos un serial. Elemental, querido Collins, nos depedimos con un to be continued….
“Los que sueñan de día conocen muchas cosas que ignoran los que solame sueñan de noche” Edgar Allan Poe (1809-1849)
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